Fuego y furia en la Casa Blanca | Letras Libres
artículo no publicado

Fuego y furia en la Casa Blanca

En El 18 brumario de Luis Bonaparte, Marx corrigió a Hegel al sugerir que la historia se repite una vez como tragedia y otra como farsa. Se le olvidó agregar que las épocas de farsa no están privadas de dosis de tragedia. Las crónicas palaciegas que se han publicado en los principales medios de Estados Unidos nos brindan este tipo de retrato sobre lo que ha sucedido en la Casa Blanca durante el primer año de la presidencia de Donald Trump. Pero la interminable comedia en Washington, d. c., no debe hacernos olvidar que quien despacha en la oficina oval tiene a su alcance el balón atómico: el holocausto final.

Quienes no han seguido los reportes sobre el círculo cercano de Trump harían bien en leer Fuego y furia. En las entrañas de la Casa Blanca de Trump (Temas de Hoy, 2018), el libro del periodista Michael Wolff que fue publicado en Estados Unidos a principios de año y que se convirtió de inmediato en un best seller mundial. Su éxito se debe a que la prosa de Wolff es perfecta para describir el sainete en que se ha convertido esa presidencia. Experto en el periodismo de cotilleo y conocedor sin igual de los entretelones del mundo del espectáculo, Wolff es la némesis de Trump, cuya personalidad ya había diseccionado en sus columnas para los diarios de Manhattan. Ahora, con este libro, se centra en detallar las batallas del círculo íntimo de Trump en la Casa Blanca.

En las antípodas de la esfera de Pascal, la presidencia estadounidense parece un sitio donde la circunferencia está en todas partes y el centro en ninguna. Los tres puntos principales de esa figura los constituyeron, por un lado, el matrimonio que el autor llama con sorna Jarvanka (Jared Kushner e Ivanka Trump); por el otro, Steve Bannon y el alt-right, y, por último, Reince Priebus, el exjefe de Gabinete de la Casa Blanca. Como lo cuenta Wolff, Trump intentó contrapesar, sin éxito, estos tres centros de poder. El resultado fue una especie de Juego de Tronos, donde la lucha por la hegemonía condujo a un festival de filtraciones a la prensa que terminó por inmovilizar al gobierno. Aunque la edición en inglés de Fuego y furia se publicó poco después de que el Congreso aprobara la ley de reducción de impuestos, dándole a Trump su primer triunfo significativo, el libro representa al presidente y su equipo como personajes en un sketch de Saturday Night Live.

Wolff consigue que su retrato de Trump, como un hombre incapaz de controlar sus impulsos e interesado solamente en recibir elogios por logros improbables, sea verosímil. Destaca la imagen del presidente aislado en su recámara, equipada con tres pantallas de televisión, devorando incontables hamburguesas de McDonald’s (alimento que consume por temor a ser envenenado). Incapaz también de concentrarse en un tema por más de un par de minutos, Trump no lee los informes de inteligencia que le presentan sus subordinados, a quienes les exige resumir todo en una página con ilustraciones. Sus conversaciones son soliloquios en los que cuenta la misma historia una y otra vez sin darse cuenta de ello. De acuerdo con Wolff, no hay nadie en la Casa Blanca que no describa a Trump como un infante caprichoso. Estas revelaciones encendieron de nuevo el debate que varios expertos en salud mental habían tenido sobre la lucidez del mandatario y la idoneidad de que se mantenga en el cargo.

Sin embargo, puede considerarse que el momento crítico del gobierno de Trump fue la infausta decisión, que tomó en secreto, de despedir al entonces director del fbi, James Comey, quien investigaba la posible colusión de la campaña presidencial del Partido Republicano con el gobierno ruso para obtener información que dañara a la candidata del Partido Demócrata, Hillary Clinton. Fue la decisión de un escorpión que se pica con su propia cola porque, en respuesta, el Departamento de Justicia nombró a Robert Mueller, un investigador especial que ha probado ser más formidable que Comey.

Aún no sabemos si el gobierno de Trump terminará siendo solo un mal momento o si, contra todo pronóstico, logrará consolidarse en el poder por varios años. Por lo pronto, parece que las instituciones de la república estadounidense fundada en 1787 están cumpliendo con la función de limitar el poder del ejecutivo. Wolff describe, por ejemplo, cómo el poder judicial detuvo la orden de Trump que quiso prohibir el ingreso a Estados Unidos de los ciudadanos de algunos países cuya población es, en su mayoría, musulmana, y muestra el poder que ha desplegado la prensa para criticar y poner diques a las decisiones del magnate. Pero la suerte de la república todavía no se define y es posible que Trump tenga la carcajada final. Y es que el presidente cuenta con aliados poderosos en el Congreso, donde su partido tiene la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. De igual modo, tiene el respaldo de importantes intereses económicos y voceros de la derecha. Más importante aún, sus votantes continúan apoyándolo, a pesar de los errores que ha cometido.

Sin embargo, dos de los tres centros de poder que describe el libro de Wolff ya no laboran en la Casa Blanca. Aunque la salida de Priebus no fue dramática, la de Steve Bannon fue muy comentada y, en su momento, se sugirió que el autonombrado intelectual del alt-right fue la fuente principal de Wolff. Hoy Bannon habita en una casa en Capitol Hill, desde donde intenta desbarrancar a Jarvanka, el polo ganador de la contienda. Por su parte, Ivanka y Jared parecen heridos de muerte; quizá no salgan ilesos de la investigación que encabeza Mueller.

Pese a que los estadounidenses hicieron colas para comprar el libro de Wolff, su autor ha sido criticado –y no es la primera vez– por inventar escenas y diálogos en los que su imaginación sustituye los hechos. Él se defiende argumentando que Fuego y furia es parte de un género periodístico en que la imaginación es amiga de la verosimilitud. Con todo, este libro es un retrato devastador de uno de los momentos más indignos en la historia política de Estados Unidos. ~