Pobreza y desigualdad en la abundancia | Letras Libres
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Foto: JMSuarez/Wikimedia Commons

Pobreza y desigualdad en la abundancia

En EE UU, como en casi todos los países del mundo desarrollado, la clase media empobrece, la desigualdad aumenta, y los pobres son cada vez más pobres.

La publicación en 1939 de la novela de John Steinbeck Las Uvas de la Ira, que narra el vía crucis de una familia de campesinos pobres que emigra de Oklahoma a California buscando aliviar su pobreza, provocó dos reacciones radicalmente encontradas por todo Estados Unidos.

Los lectores la encumbraban a los primeros lugares de ventas al tiempo que hubo autoridades que la incluyeron en una lista de novelas prohibidas y los “patriotas” la quemaron en plazas públicas por considerarla No-americana. Seis años antes, en la Opernplatz (hoy Bebelplatz) de Berlín y en otras ciudades de Alemania, los nazis quemaban los libros que consideraban No-alemanes, “los libros que no pudieron escribir”, escribiría Thomas Mann en ese momento.

En 1962, fue Michael Harrington con su libro La Cultura de la Pobreza en los Estados Unidos (1962) quien develó que la la nación más rica del mundo ocultaba a sus pobres. Según Harrington, en ese momento había 40 millones de pobres viviendo en ciudades y comunidades rurales de Estados Unidos, “que no solamente son abandonados y olvidados sino que son invisibles”.

John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson se inspiraron en el libro para formular su estrategia de combate a la pobreza. Richard Nixon se dedicó a desmantelar muchos de los programas asistenciales heredados y colocó a Harrington en su lista negra.

La semana pasada, el relator especial de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos Philip Alston, nacido en Australia y profesor de Derecho en la Universidad de Nueva York, presentó un informe al Consejo de Derechos Humanos revelando que hoy en Estados Unidos hay “cerca de 40 millones de personas en situación de pobreza, 18,5 millones de pobreza extrema y 5,3 millones en condiciones de pobreza absoluta propias del tercer mundo”.

Durante seis meses, Alston recorrió el país de California a Puerto Rico pasando por Alabama, Georgia, West Virginia y la capital Washington D.C., investigando para redactar el informe que muestra que “el sueño americano se está convirtiendo rápidamente en la ilusión estadounidense…la igualdad de oportunidades, tan apreciada en teoría, en la práctica es un mito, especialmente para las minorías y las mujeres, y también para muchos trabajadores blancos de clase media”. EE UU, dice el Informe, tiene las tasa más alta de pobreza juvenil, mortalidad infantil, encarcelamiento, desigualdad económica y obesidad en el mundo desarrollado.

“En Estados Unidos”, dijo Alston, “se observa la tasa de desigualdad de ingresos más alta de los países occidentales. La reducción tributaria de diciembre de 2017, que ascendió a US$ 1.5 billones, benefició abrumadoramente a los más acaudalados y agravó la desigualdad”. Y para darle mayor perspectiva a estos datos destacó que esto sucede cuando “la riqueza combinada del gabinete de Donald Trump asciende a unos US$ 4,300 millones”.

Como suele suceder cuando se trata el tema de la pobreza en EE UU, las reacciones al informe fueron encontradas. Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas descalificó el informe aduciendo que era “ridículo que Naciones Unidas examine la pobreza en EE UU” en vez de investigar lo que pasa en Burundi y/o en la República Democrática del Congo.

Su reacción fue cuestionada por más de veinte senadores demócratas que hicieron un llamado a Trump para que envíe al Congreso una propuesta para lidiar con los problemas señalados en el Informe. En la carta de los demócratas a Haley, el senador Bernie Sanders le pidió que reflexionara sobre un hecho incuestionable, los tres hombres más ricos de Estados Unidos poseen más riqueza que la mitad de los ciudadanos situados en el estrato económico más bajo del país.

Haley no refuta los datos del Informe que ilustran el predicamento del electorado de Trump. Lo que le ofende es que en vez de que la ONU acuse a los inmigrantes y a otros países por la persistencia de la pobreza en el país, la atribuya, correctamente, a causas internas. Según Gallup, la mayoría de los americanos trabajan más de 40 horas a la semana pero en trabajos con salarios bajos, carece de redes de seguridad adecuadas, y de protección laboral. En EE UU, como en casi todos los países del mundo desarrollado, la clase media empobrece, la desigualdad aumenta, la movilidad económica disminuye, y los pobres son cada vez más pobres.