artículo no publicado

La gran coalición populista sale al mar

Si el instrumento para llegar al poder contradice toda lógica institucional y atraviesa con astucia el espectro ideológico entero, hay mucho que temer en cuanto al futuro de nuestras instituciones democráticas sometidas, otra vez, como en 1928, al arbitrio de un caudillo.

Autoungido candidato presidencial de Morena, López Obrador no abandona el libreto populista. La inverecundia con la cual, durante en las últimas semanas, se ha rodeado de toda clase de aliados heteróclitos, desde un líder charro multimillonario y en el exilio hasta un futbolista de probada (y nula) capacidad política, pasando por personajes que hubiera sido impensable ver a su lado en otro momento, demuestra que el caudillo, en su voluntad de poder, se ríe de la izquierda que lo idolatra. Como ningún otro experimento populista reciente, aquí, la ideología ha sido jubilada. La intención es reconstruir una nueva Arca de la Alianza, el Partido Nacional Revolucionario antes de Cárdenas o un echeverrismo sin el control del PRI. Si el instrumento para llegar al poder contradice toda lógica institucional y atraviesa con astucia  el espectro ideológico entero, hay mucho que temer –de producirse una victoria de López Obrador­– en cuanto al futuro de nuestras instituciones democráticas, sometidas, otra vez, como en 1928, al arbitrio de un caudillo. Queda la duda si el propio peso de la nueva Arca de Noé la hundirá una vez en el gobierno, incapaz el caudillo a la hora de conciliar a todos quienes sedujo en su aventura. O si él mismo, empoderado, procederá a la purificación, deshaciéndose de quienes sólo necesitó para ganar. Si es así, me temo, que antes de imponerle su predecible ley a la sociedad y de deshacerse de los evangélicos, de los antiguos panistas o de los futbolistas, López Obrador seguirá el libreto. Purgará primero a la izquierda que le ha sido más leal, aquella que anestesiada por el inminente asalto al cielo olvida que lo conoce demasiado bien, habiendo compartido con él el pan y la sal a lo largo de la travesía. Vivaquear tiene su precio. Ellos, quizá porque saben demasiado, serán los primeros en ser arrojados por la borda. Algunos ya deben temer por su destino. Tras ellos seguirán, acaso, los oportunistas y los ilusos.