artículo no publicado

El 2 de octubre a 49 años

En un nuevo aniversario de los trágicos hechos de 1968, recuperamos algunos de los textos sobre el tema que han aparecido en nuestras páginas.

1968 representa el despertar de la juventud estudiantil mexicana contra el orden autoritario que había impuesto el partido oficial. En respuesta, el 2 de octubre de 1968 el presidente Díaz Ordaz optó por censurar, coartar libertades y asesinar. A casi 50 años de la represión al movimiento estudiantil recuperamos de nuestro archivo algunos artículos sobre el tema.

En este artículo Enrique Krauze reflexiona cómo contribuyó el movimiento estudiantil del 68 a la democratización del país. Con este inició el proceso de reflexión en torno al cambio democrático mediante el impulso a la libertad. Sin embargo, quienes participaron en él no han visto consumados sus ideales. La izquierda mexicana se asumió como su heredera, pero no ha sabido encauzar un proyecto de cambio:

“Los estudiantes del 68 pensábamos en la Revolución, no en la democracia. La izquierda mexicana sigue atrapada en ese dilema y por eso el legado de 1968 está inconcluso. Esa indefinición es una desgracia porque solo una izquierda moderna y liberal puede transformar a México”.

Para Roger Bartra las dos herencias del 68 son la derrota y la transición. En su artículo “Dos visiones del 68” contrasta la postura crítica de dos figuras clave de la izquierda mexicana: Vicente Lombardo Toledano y José Revueltas. Mientras que el primero no supo interpretar la rebeldía de la juventud mexicana, el segundo esperaba desde la cárcel que la represión diera paso a la revolución. Sin embargo, la realidad fue otra: “la revolución no llegó. Y tuvieron que pasar más de treinta años para que llegara la democracia”.

José Revueltas fue uno de los principales defensores del movimiento estudiantil y vio con ojos esperanzados el despertar político de los jóvenes. En este video, el escritor Luis González de Alba recuerda el paso de Revueltas por la Facultad de Filosofía para aleccionar a las juventudes sobre lo que llamaba la “democracia cognoscitiva”. Su activismo no fue suficiente para mantener con vida al movimiento.

A pesar de la repetición de la frase “2 de octubre no se olvida” las generaciones posteriores no han sabido cómo participar de manera crítica en la toma de decisiones políticas. Alberto Fernández, miembro de la primera generación que conoció los hechos del 68 a través de fuentes secundarias, analiza cómo en cada aniversario de la matanza de Tlatelolco la sociedad se distancia más del verdadero sentido del movimiento y cae en un olvido que conlleva a la inacción. Es por ello que hace un llamado para que las nuevas generaciones no olviden la importancia de defender su derecho a disentir:

“Inevitablemente una nueva generación […] se hará cargo de llevar la bandera de la memoria del 68. Si bien es cierto que “2 de octubre no se olvida”, ni se olvidará nunca, ojalá que esta nueva generación, más segura de sí misma, más reconciliada con su propia época, sea menos olvidadiza sobre todo lo demás”.