artículo no publicado

Días de memoria y reflexión

Dado el trágico historial guerrero de Estados Unidos, en el Día de los Caídos lo correcto hubiera sido reflexionar sobre las consecuencias de la guerra

Este fin de semana, aprovechando el puente que empezó el viernes y terminó el lunes, Estados Unidos se fue de juerga y de compras olvidando que el Día de los Caídos, era un día de guardar, de recordación y de luto.

Y aunque hubo, por supuesto, familiares de los soldados caídos en guerras que recordaron a sus muertos visitándoles en cementerios, el mensaje inequívoco de que en la guerra se sacrifican vidas humanas inútilmente estuvo ausente.

La conmemoración de la fecha se originó poco después del fin de la Guerra Civil en la que murieron 625 mil soldados de ambos bandos. En sus inicios tuvo un marcado acento regional: en los estados del Norte se celebró la victoria, en el Sur se reafirmó del supremacismo blanco.

Paradójicamente, esta guerra, como afirma el historiador literario Edmund Wilson, le dio forma a la literatura estadounidense, “Mi triunfo duró hasta que los tambores dejaron solos a los muertos”, escribió Emily Dickinson; “Los muertos, los muertos, los muertos – nuestros muertos – Norte o Sur, nuestros todos”, escribió Walt Whitman implorando por la reconciliación nacional.

Sin embargo, la propensión estadounidense al conflicto armado no empezó en el siglo XIX sino doscientos años antes, cuando los primeros europeos masacraron a las naciones indígenas para despojarles de sus tierras. De entonces a la fecha, Estados Unidos ha peleado en medio mundo contra medio mundo.

La muy breve guerra entre Estados Unidos y España en 1898 convirtió al país americano en potencia mundial adueñándose de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas, y ratificó el colapso definitivo del imperio español.

Y la guerra en Filipinas, que le costó la vida a más de 4 mil soldados norteamericanos, también inspiró a uno de los mayores escritores estadounidenses, Mark Twain, a escribir en 1901, un ensayo fundamental en el que reconocía las atrocidades del ejército americano contra la población filipina y sugería que “para la nueva bandera filipina solo abría que pintar de negro las barras blancas, y en vez de estrellas colocar calaveras y huesos cruzados”.

Las razones de Estados Unidos para justificar su involucramiento en la Primera Guerra Mundial, en la que murieron 53 mil soldados americanos, más allá de la consolidación de su incipiente imperio, son opacas. Se pretextó el uso de submarinos alemanes contra barcos estadounidenses y también, en el colmo de la ridiculez, se argumentó que en 1917, cuando México estaba en plena guerra civil, el vecino del sur podría aliarse a Alemania para invadir Estados Unidos.

El saldo de muertos en la Segunda Guerra Mundial es hasta ahora el más elevado, 290,000, pero si ha habido una guerra que justificara el sacrificio de vidas humanas esta sería, sin duda, la comandada por Franklin Delano Roosevelt.

En la guerra en Corea murieron más de 35 mil americanos y al firmarse el armisticio en 1953, el 50% de los estadounidenses entrevistados por Gallup pensaba que la guerra no había sido un error pero tampoco que había sido un acierto.

La oposición popular a la intervención militar en Vietnam fue el primer movimiento masivo contra la guerra en la historia del país. Estados Unidos perdió la guerra pero no sin antes sacrificar a más de 58 mil jóvenes norteamericanos. Y en lo que va del siglo XXI, la lista de soldados muertos sigue aumentando en dos guerras que no parecen tener final, 2,500 en Afganistán y 4 mil en Irak.

Dado este trágico historial, yo hubiera deseado que en este Día de los Caídos el país entero hiciera una reflexión profunda sobre la guerra y sus consecuencias. Que se preguntara, como lo ha hecho hace poco el teniente coronel retirado del ejército estadounidense, historiador, escritor y profesor en la Academia Militar y en Princeton, Andrew Bacevic,

¿Cómo es posible que en Estados Unidos los conflictos armados se hayan convertido en algo “normal” y la guerra se haya vuelto una condición permanente? ¿Cuáles son los objetivos de la guerra en el Oriente Próximo? Y, sobre todo, ¿Cuándo terminará esta guerra que empezó en 1980?