artículo no publicado

¡Cuidado con el resurgimiento del fascismo!

El fascismo se manifiesta cuando en el discurso del líder de un país se exalta el nacionalismo para glorificar a ciertos grupos raciales y se resaltan las diferencias étnicas para demonizar a otros.

 Preocupada por el estilo personal de gobernar de Donald Trump y alarmada por su marcada predilección por ciertos dictadores y hombres fuertes como Vladimir Putin, Xi Jin Pen o Rodrigo Duterte, la ex secretaria de Estado y ex embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas Madeleine Albright recién ha publicado un libro titulado: Fascism: A Warning.

Respaldada por un sólido prestigio académico como profesora de la universidad de Georgetown, Albright también sufrió la experiencia personal de vivir el fascismo, primero de derechas cuando los nazis invadieron su natal Checoslovaquia y su familia tuvo que refugiarse en Londres, y luego, ya de regreso a Praga en 1948, escapando del fascismo comunista.

En este libro sobre el fascismo y las tendencias que conducen a él, Albright nos advierte que representan una amenaza más seria ahora que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Rigurosa en el manejo de términos tan cargados de significación como “fascismo” Albright revisa las definiciones de autores clásicos como Robert Paxton para designarlo y admite que, en sentido estricto es difícil replicar el fascismo italiano o el alemán. Quizá hoy solo Corea del Norte sería semejante.

Pero también nos recuerda que los movimientos antidemocráticos dirigidos por improvisados caudillos, hombres fuertes y uno que otro farsante, están resurgiendo por todo el mundo. El fascismo, escribe Albright, en una enfermedad cuyos síntomas se manifiestan cuando en el discurso del líder de un país se exacerba la división de sus ciudadanos, se exalta el nacionalismo para glorificar a ciertos grupos raciales y se resaltan las diferencias étnicas para demonizar a otros.

Como buena historiadora, Albright relata anécdotas donde el paralelismo entre Trump y Mussolini es espeluznantemente parecido. El dictador italiano también prometió “drenar el pantano” despidiendo a funcionarios del gobierno y en sus actos de campaña, Mussolini se regodeaba señalando a los periodistas presentes en el mitin para que sus partidarios les hostigaran.

Pero Albright no es la única académica preocupada con el resurgimiento del fascismo en el mundo. En la extraordinaria reseña “Fascism revisited” escrita por el profesor Mark Mazower y publicada en el Financial Times, el autor recoge cinco títulos publicados este año, incluyendo el de Albright, que tratan sobre el tema desde diversos ángulos.

En From Fascism to Populism in History, el historiador argentino Federico Finchelstein sugiere que el populismo, entendido como el autoritarismo demagogo que dice respetar las elecciones democráticas, es el heredero natural del fascismo. Y discute las diferencias y similitudes entre políticos como Perón, Hugo Chávez y Trump.

En To Fight Against this Age, el filósofo holandés Rob Riemen concluye que “las masas de votantes crédulos crean las condiciones para que surjan demagogos carismáticos en épocas marcadas por la existencia de hombres-masa y estupidez organizada”.

Sobre el mismo tema aunque desde una perspectiva diferente, Dylan Riley escribe en The Civic Foundations of Fascism in Europe que en el período entre las dos guerras mundiales los fascistas lograron movilizar a los grupos marginados del proceso electoral, campesinos, sindicatos obreros, sociedades mutualistas, y los incorporan a la política nacional forjando un nuevo tipo de democracias autoritarias.

Finalmente, en The Death of Democracy, Benjamin Carter Hett nos recuerda que Hitler llegó al poder porque las grandes elites conservadoras pensaron que lo podrían manipular para su beneficio y cuando se dieron cuenta de su error ya era muy tarde. Y después de este repaso iluminador vuelvo a Albright. “Un fascista”, escribe, “es alguien que dice hablar por una nación, no se preocupa por los derechos de los demás, y está dispuesto a usar la violencia”.

“Trump”, agrega, “es el primer presidente antidemocrático de la era moderna y si no fuera porque hasta ahora la fortaleza de las instituciones del país ha resistido, sería su primer dictador”. Y es precisamente en este sentido que se plantea dos preguntas fundamentales:¿Es así como empieza el fascismo? ¿Detendremos a Trump antes de que sea demasiado tarde?