artículo no publicado

Los peones de Filidor

Señor director:
     Mi primer libro en prosa se tituló La tumba de Filidor (1961), publicado hace exactamente cuarenta años, y no La tumba de Filirdor, como se dice en la presentación de mi cuento "Una condición excepcional" (Letras Libres, julio de 2001, año 3, núm. 31).
     Por esta pequeña errata le debo a la redacción dos cosas:
     1. Buscar en A History of Chess de H. G. Murray (Oxford, 1913) la entrada de François-André Danican Philidor (1726-1795), quien por más de cuarenta años fue la personalidad dominante en los círculos ajedrecísticos de París y Londres y cuya supremacía sobre todos los jugadores de su tiempo sólo fue quebrantada por el advenimiento de Paul Morphy, uno de los más grandes jugadores que el mundo ha visto. En su época Filidor fue igualmente famoso como ajedrecista y como músico. Su primer motett fue ejecutado en la Capilla Real de Versalles, en donde comenzó su carrera a los once años como niño de coro. Más de veinte óperas de su autoría fueron representadas con éxito en París durante el reinado de Luis XVI. Mas que su nombre haya pasado a la crónica sobre el ajedrez publicada en la Encyclopédie de Diderot y D'Alembert, y que haya perdurado hasta el día de hoy, se debe a sus hazañas como ajedrecista. Nada menos, su talento lo puso en contacto con dos escritores célebres de su época: Voltaire y Jean-Jacques Rousseau, "persistent but weak players", como dice Murray. Considerado Filidor el más grande ajedrecista de París antes de la Revolución Francesa, la Revolución cerró las puertas del club donde él jugaba. A comienzos de los años sesenta, a mí mismo me tocó en suerte aplicar la tumba de Filidor a dos escritores amigos con los que solía jugar entonces: Juan José Arreola y Eduardo Lizalde.
     2. El hallazgo en un rincón olvidado de mi biblioteca del Analyse du Jeu des Échecs Par A. D. Philidor, L'Auteur des Strategèmes des Échecs. Uno de los comentarios más famosos de Filidor fue: "Les pions sont l'ame du jeu". "Los peones son el alma del juego".
     Gracias por la errata, y ahora dirijámonos al final de una partida típicamente filidoriana dando a la palabra un Mat du Fou et du Cavalier (como el maestro del siglo XVIII solía llamar al "Mate de alfil y de caballo"). -