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Imagen: Miguel Moguel

#EnjambreLiterario: una breve conversación con Brenda Navarro

Más que una editorial, Enjambre Literario quiere ser un proyecto editorial al que le interesa difundir obras publicadas por mujeres pero también problematizar todo lo que conlleva estar relacionadas con la literatura en nuestra vida diaria.

Me gustaría comenzar cronológicamente. Cuéntame, ¿cómo fue el inicio de Enjambre Literario? Es más, ¿cómo fue esa primera idea, y cuál fue el proceso que permitió que avanzara y creciera?

La idea del #EnjambreLiterario, en un inicio, era el de hacer una editorial digital que publicara mujeres para abonar un poquito en la brecha de género que existe, especialmente en las editoriales multinacionales, pero de la que no se salva casi ninguna editorial. Era, como decir: voy a dejar de quejarme porque el mundo no es como a mí me gustaría y al menos poder irme a la cama diciendo: bueno, tú, desde tus posibilidades y espacios, puedes hacer esto, y lo que yo podía hacer era abrir un canal de difusión en el que tuviera la oportunidad de leer mayor diversidad y pluralidad de voces narrativas de escritoras.

Después, lo pingponeé con Yuri Herrera,  Fernanda Melchor y Catalina Ruiz-Navarro, sobre hacer una selección de textos en los que ellos se encargarían de fungir como jurado para ayudarme a encontrar la primera obra a editar digitalmente y lancé la convocatoria con apoyo de diversas personas que me ayudaron a darle un poco de forma y sentido al proyecto (Lizbeth Hernández, Miguel Moguel, etc.) Y el resultado fue que recibimos 120 historias de España, México, Argentina, Colombia, etc. Y fue increíble porque la verdad es que no hubo un plan de difusión, –quizá fue clave que Fernanda apoyó mucho desde su perfil de tuíter– y aún así recibimos 120 textos entre los cuales encontramos muchas cosas interesantes, por lo que, de elegir sólo un  texto, terminamos eligiendo tres: Catálogo de enfermos mentales, de Marina Aguilar, obra que tendría edición impresa y digital y dos menciones honoríficas que tendrían sus respectivos ebooks: El libro de Aisha de Sylvia Aguilar Zéleny y Agosto de Tatiana Maillard.

Cuando empezamos a tener contacto con cada una de las escritoras y vimos el potencial que tenía cada una, tuvimos que cambiar el rumbo, por dos razones: una, dos de las escritoras eran mexicanas y contaban con una red que exigía de nosotras un mayor desarrollo de la difusión de las obras y dos, que cada una de las escritoras tenía distintos planes para sus obras y ahí fue cuando Alisma De León y yo nos asociamos para que todos los libros tuvieran su versión impresa y su edición digital que es en donde queremos enfocarnos a largo plazo, porque, ahora mismo el poder de compra lo tienen las generaciones nacidas en los años 70 u 80, pero en un par de años serán las nuevas generaciones, acostumbradas a tener todo a un clic, las que estarán comprando libros y ahí es donde queremos instalarnos, aprender el lenguaje de las nuevas generaciones y que no nos agarren por sorpresa.

Pero además, y creo que aquí es importante decirlo, tenemos una postura política en esto, comprendemos la importancia de la neutralidad de la red en términos de mercado y la necesidad de un ciberactivismo para el pleno ejercicio de nuestros derechos como mujeres, no se trata sólo de publicar por publicar mujeres, sino de tomar espacios públicos en lugares que ahora mismo son estratégicos y el mundo digital es un lugar donde tenemos que tener presencia, usarlo, hacerlo nuestro, no permitir que las desigualdades que vivimos todos los días se traspasen al mundo digital, al contrario, que desde el mundo digital se hagan redes para difundir, no sólo literatura sino producción de conocimiento hecho por mujeres y ahí es donde creemos que las redes de mujeres son trascendentales.

Todo esto, es lo que ha hecho que se sumen a nosotras personas que a veces han donado su trabajo, contribuido a difundir, ayudado a encontrar lugares, espacios para que esto se hiciera un proyecto editorial en el que caben proyectos editados por nosotras, co-editados, con copyright, con creative commons, etc. Eso depende de cada escritora y eso es lo interesante para nosotras, que también vamos aprendiendo en el camino a hacer cosas que ni siquiera teníamos contempladas.

Sucede que generalmente se espera que una editorial publique libros, vaya a ferias, busque estar en los escaparates, presente autores, intente que hagan reseñas de sus libros, espere vender libros y quizá recuperar la inversión. Cuando nosotras hablamos de tomar espacios estratégicos, especialmente en lo digital, lo que queremos es crear desde y con redes que vayamos construyendo poco a poco y problematizar temas que nos competen directamente: derechos de autor, preguntarnos si la creación literaria es o no un trabajo y si debe de ser monetizado o no; por qué, de qué manera es que podemos ejercer derechos, ¿necesitamos crear leyes o estar fuera de esta lógica? Y lo queremos hacer online, aunque mucho de este trabajo sea offline, porque ahora mismo somos una especie de cyborgs en el que andamos todo el tiempo con esa extensión nuestra que es el teléfono móvil y nos estamos conectando a una especie de nube que irremediablemente tiene pautas de mercado y no es neutra, y ahí es donde creo que está el meollo del asunto, producir conocimiento no sólo para vernos representadas dentro del ámbito literario, sino para dejar de sentir que tenemos que ganarnos un lugar en el mundo. Hay muchísimos espacios, especialmente feministas, que están haciendo cosas al respecto, sucede que a nosotras nos interesa la literatura y su relación directa con el ejercicio de otros derechos o la propia reconcepción de estos derechos. No tenemos un plan fijo, pero sí que estamos lanzando botellas al mar cibernético para ver qué funciona y podemos llevar a cabo. Más que una editorial, somos un proyecto editorial al que le interesa difundir obras publicadas por mujeres pero también problematizar todo lo que conlleva estar relacionadas con la literatura en nuestra vida diaria.

 

¿Tuviste un momento “eureka” personal? ¿Fue una cuestión más conversada? ¿Es algo que tenías ya en mente desde hace mucho tiempo?

He hecho trabajo de investigación académica en temas de acceso a la cultura de las mujeres, derechos laborales de las escritoras, etc. Entonces ya sabía más o menos cómo estaba el tema, aunque quizá  sí tuve mi momento “eureka” porque siempre hacía la broma de “Ay, yo debería de tener mi editorial porque siempre tengo buen ojo para las historias que van a tener éxito” y llegó ese momento en el que dije, ¿Y por qué no? Y fue cuando inició todo este pingpongneo, la verdad es que siento que fue casi que de un día a otro, un aventarse antes de arrepentirse. Aunque luego ya en el proceso hemos ido a paso lento, y a veces esa lentitud es lo que nos permite disfrutar lo que hacemos y permitirnos equivocarnos, ¿sabes? Eso es una cosa que en el momento en el que cometemos un error podemos ponernos un poco freakys, pero luego, sí que nos damos ese espacio para decir, bueno, las cosas no salieron como queríamos pero ya aprendimos qué es lo que no se debe de hacer.

 

Cuando uno mira el catálogo de una editorial percibe una idea de la literatura, del trabajo con el lenguaje. Enjambre tiene dos libros en el catálogo en línea. ¿Hay un aire de familia entre ambos? Y más, ¿qué ideas dirías que recorrerán estos y los libros futuros de la editorial?

Creemos que justo la diversidad de propuestas narrativas y el trabajo horizontal sería el eje conductor de nuestra primera etapa como #EnjambreLiterario. Agosto, la primera novela publicada en 2018, era justo la última que se iba a publicar, y sin embargo, platicando con las tres escritoras, lo que dijimos fue que teníamos que aprovechar momentos clave y trabajar de manera horizontal para conveniencia de todas y yo iba a México a inicios de 2018 y pensamos que teníamos que aprovechar y hacer la presentación; tal como sucedió.  Y así con cada proyecto, para el libro de Sylvia estamos aprovechando las redes que estamos generando en el norte del país y con Marina las que queremos construir en España aunque eso haya cambiado los planes iniciales. Entonces, todos los proyectos van ligados en dos sentidos: uno,  porque haremos actividades y presentaciones en el que un libro puede beneficiar al otro y así sucesivamente y dos, porque no damos un paso sin antes consultarlo y trabajarlo bien con las autoras, las queremos involucradas porque si partimos de que nos tenemos confianza, sabemos que podemos ir en la misma dirección.

Ahora, en el tema de línea narrativa, puedo asegurarte que no tienen nada que ver el uno con el otro. Agosto, de Tatiana Maillard, es una novela corta que como explica Fernanda Melchor, es un tema muy relacionado con el vacío del mundo contemporáneo, con la llamada turismofobia, con el miedo a los otros, con las preguntas sin respuestas.

El libro de Aisha, de Aguilar Zéleny, es un libro maravilloso en el que se mezcla lo biográfico con la ficción, trata temas de violencia pero a la vez es muy íntimo, muy personal, nos habla de migraciones de cuerpos, de identidades, de lazos familiares. Y Catálogo de enfermos mentales es un tratado filosófico-psicológico que le hace guiños a la ciencia ficción, es una pasada, la verdad.Y tú lo lees y no te crees que lo haya escrito una autora tan jovencita, es un libro muy artístico y experimental pero maduro, no se deja nada suelto. Entonces, esto lo vemos como un logro, son tres voces con narraciones que diríamos que se contraponen y eso es lo que más nos entusiasma, que hay pluralidad, libertad de expresión y libros bien escritos por escritoras que se saben escritoras.

Y los libros que se vienen, te puedo decir que tampoco tienen nada que ver con estos, hay un libro de poesía que se viene en edición bilingüe y trae un tema muy fuerte, del que poco se habla en México, -imagina que yo no quería publicar poesía pero cuando leí el texto no pude más que buscar a la poeta y pedirle que publicara con nosotras-. Ya estamos editando este libro, se llama Brazilian no es una raza (2018), de Wendy Treviño y es una bomba. También se viene la publicación a finales de año del libro de Marina, y otros libros que traen propuestas de las que vale la pena hablar y empezar a dialogar. Por trabajo no paramos.

 

Me parece realmente interesante la idea de crear una red de escritoras. Por un desconocimiento personal, no conozco otra similar. (Recuerdo aquella red de poetas, Afinidades electivas, me parece que se llamaba, pero no era solo de mujeres) ¿Hay antecedentes o son ustedes pioneras en México?

Estoy segura de que hay muchas redes, especialmente en internet, hay redes de escritoras de ciencia ficción, redes de escritoras latinoamericanas, redes de escritoras feministas, de escritoras con temáticas lésbicas, etc. Porque como te decía el mundo digital ha permitido que diversas voces que antes no accedían a los canales de difusión, digamos tradicionales, ahora mismo estén generando sus propios contenidos y propuestas no sólo literarias sino multimedia, etc. Pasa que volteamos a ver poco.

También se me viene a la mente el movimiento que hace unos meses hicieron las escritoras colombianas “Colombia tiene escritoras” en las que cuestionaban duramente al Ministerio de Cultura colombiano al no tomar en cuenta a ni una sola mujer para que fueran parte de un evento internacional, el tema se hizo viral y no sólo fue un “alzar la voz” sino que en realidad sus preguntas son muy pertinentes no sólo en Colombia sino en la mayoría de los ministerios y secretarías de cultura, ¿dónde están las escritoras y por qué parece que todo es manejado desde cotos de poder? 

Otro movimiento que se me viene a la mente es el de escritoras y escritores que en Argentina están poniendo sobre la mesa el tema de mirar al “escritor” como “trabajador” y quienes llevan la batuta son escritoras como Selva Almada, Clara Anich, etc.

Nosotras apostamos un poco a eso, a ir conociéndonos, a saber cuáles son las cosas que nos afectan, a crear redes para problematizar y encontrar soluciones, a producir conocimiento y compartirlo.

Justo ahora, en 2018, estamos lanzando la segunda convocatoria del #EnjambreLiterario en donde Kaja Negra y Casa Octavia se unen a este esfuerzo de seguir creando redes. Entonces, estamos lanzando una convocatoria en la que pedimos que nos envíen manuscritos terminados para valorar si podemos publicarlos desde el Enjambre, pero también con la posibilidad de que si nos envían un proyecto de periodismo literario, o poesía, o un proyecto de libro fotográfico, o lo que sea que a las mujeres se les ocurra que puede ser un buen ebook y que tenga su versión impresa, la gente de Kaja Negra y el proyecto de Casa Octavia, puedan decir, este me lo quedo yo, individualmente. No queremos acaparar a las escritoras, porque tenemos recursos limitados, y si hay un buen proyecto, lo interesante es que salga a la luz. Eso, por un lado, por el otro, está un programa piloto en el que, a lo largo de 2018 y 2019 estaremos impartiendo talleres en los que se trabajarán proyectos que les veamos potencial de publicación y difusión y entre Kaja Negra, Sylvia Aguilar Zéleny, que es una de las autoras que publicamos en 2018, desde Casa Octavia y nosotras, desde en Enjambre, elegiremos un proyecto que se publicará debido a esta alianza. Este programa de talleres piloto, iniciará con Sylvia Aguilar Zéleny a la cabeza, en mayo de 2018 y luego, los demás, se irán anunciado conforme vayamos haciendo sinergias, no sólo en México, sino en España u otros lugares de América Latina. Puede ser ambicioso, pero creemos que es posible. Así que si hay gente que desea ver qué se puede hacer desde el #EnjambreLiterario, no duden en contactarnos, porque lo que queremos es dejar de esperar a que pase algo, sino generarlo nosotras mismas.

 

¿Qué tal ha sido la respuesta de otras escritoras con las que han platicado? Con la imagen un poco idealizada que tengo de las redes sociales, me parece que sería sencillo, pero en realidad, ¿qué tan fácil o difícil ha sido este ejercicio de vinculación?

La respuesta por redes sociales es inmediata y generalmente positiva, lo que pasa es que cuando se trata de trasladar, digamos, al espacio físico, se ve más complicado porque implica poner tiempos, espacios, y llegar a acuerdos y eso, es difícil especialmente si no se tienen los mismos horarios, ya sea por las distancias, como de un país a otro, como de horarios laborales, dobles o triples jornadas de trabajo, etc. Y especialmente porque cuando se habla de generalidades es fácil llegar a acuerdos, pero como dicen, en el detalle, está el diablo, y es en el detalle en donde a veces puede costarnos trabajo, pero hay que intentarlo.

Podría decirte que muchos de los proyectos personales o profesionales hay que pensarlos a largo plazo y sin una idea fija porque es muy probable que lo que te imagines nunca es lo que realmente va a suceder. En nuestro caso lanzamos la convocatoria y hemos dejado que sean las circunstancias las que nos vayan dictando el camino y de ahí se han ido generando las sinergias, no muchas, pero no pocas, por el momento, creo que es demasiado pronto para decirte en qué va a acabar todo esto porque estamos iniciando y queremos que se despliegue en muchas cosas.

 

En su página hablan justamente de la doble o triple jornada que realizan para poder publicar los libros. ¿Cómo viven esto del dobleteo en función de la editorial? ¿Cómo hacen para no perder el ímpetu?

El ímpetu lo perdemos todos los días alrededor de las seis de la tarde o cuando acabamos de comer. Algunas de nosotras somos madres y este tener hijas y casas, y comidas por hacer, y trabajos formales o no formales pero que también exigen nuestro tiempo, es muy desgastante y sí que influye en cómo nos relacionamos en nuestra vida personal. Tú imagina que después de comer te da sueño y sabes que alguien tiene que lavar los trastes y pensar en la comida de mañana, y en la cena y en preparar la ropa de mañana y bañarse y, etc. etc. Y te prometo que también se te va el ímpetu, lo que pasa es que esto es algo que nos gusta, nos gusta leer, nos gusta compartir y especialmente creemos que nadie lo va a hacer por nosotras, quizá esto último es lo que nos motiva a seguirle, nadie lo va a hacer por nosotras, nadie va a cumplirnos nuestros deseos si no lo intentamos nosotras, los derechos se exigen y se ejercen, y lo mismo pasa con los libros que queremos leer y compartir, nadie los va a editar y nadie los va a publicitar si no somos nosotras.