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La tipografía de Letras Libres

Desde el punto de vista del diseño, una de las primeras decisiones que se toman al planear una revista es la familia tipográfica. Lo más común es decidirse por una ya existente, en cuyo caso la principal carta de recomendación es el éxito con que se usa en otras publicaciones. Este método tiene la indudable ventaja de elegir lo ya comprobado: a nadie sorprenderá que Times, Garamond o Bodoni se comporten en la página de manera adecuada. Dicho método tiene también dos desventajas evidentes: la primera es que miles de publicaciones en el mundo usan un reducido número de familias, porque todos los diseñadores saben que son exitosas, lo cual contradice el legítimo afán de que la nueva publicación sobresalga del resto. La segunda es consecuencia de la primera: si todos utilizan las mismas soluciones, pronto resultarán manidas.

En el ámbito tipográfico, la manera más eficaz de ser original es contratar a un diseñador de tipos que desarrolle un trabajo a la medida. Y eso es, precisamente, lo que Letras Libres hizo al nacer. Fue una decisión inusitada para el medio editorial mexicano de la época y hoy, quince años después, todavía es poco común. Hasta donde tengo conocimiento, existían letras ornamentales como las que Vicente Rojo diseñó para Vuelta, pero no fuentes tipográficas para las columnas de texto.

La historia, muy resumida, es como sigue. Hace unos veinte años, Juan Pascoe –mítico impresor contemporáneo de tipos móviles– contó a Gonzalo García Barcha –diseñador gráfico entusiasmado por el diseño de tipos– acerca del trabajo de Heinrich Martin, españolizado como Enrico Martínez, “cosmógrafo del rey, intérprete del Santo Oficio de la Inquisición, cortador y fundidor de caracteres, tallador de grabados, impresor de libros, autor, arquitecto y maestro mayor de la obra del desagüe del Valle de México”, según consta en el subtítulo del inconseguible libro que Pascoe dedicó a la obra de este sabio alemán afincado en Nueva España (La obra de Enrico Martínez, Tacámbaro, Taller Martín Pescador, 1996). A raíz de ello, con toda paciencia, García Barcha comenzó la ardua labor de generar Enrico, una fuente tipográfica digital que rescatara esos tipos. Y en eso estaba cuando en 1998 lo visitó Eduardo Danilo, a la sazón director de diseño de Letras Libres. Él buscaba algo mexicano y Gonzalo le contó de Pascoe y de Enrico Martínez. Con esos datos, Danilo contrató al estadounidense David Berlow, cofundador de la compañía Font Bureau, para hacer una nueva interpretación digital. El resultado, llamado Letras Oldstyle, se usa en la revista desde el primer número y consiste en una redonda, una cursiva, versalitas y versalitas cursivas, y se complementa con Letras Display, una familia para títulos que incluye una redonda, una cursiva, versalitas y negritas mayúsculas. Desde hace algunos años, Font Bureau también ofrece Letras Oldstyle al público en general, ahora con doce variantes, por la inclusión de fuentes seminegras y condensadas.

Para la historia de la imprenta, la relevancia de Martínez radica en haber sido uno de los primerísimos diseñadores de tipos en América –actividad que comenzó alrededor de 1598–, acaso superado únicamente por el sevillano Antonio de Espinosa, quien trabajó unos cuarenta años antes, también en la capital novohispana. Ambas son letras renacentistas tardías, emparentadas con los tipos franceses, influyentes desde la primera mitad del siglo XVI. Aunque a lo largo de los años fue puliendo fehacientemente la calidad de su oficio, los tipos de Martínez son un tanto imperfectos, producto más de la pasión que de la pericia. Seguramente habrían sido mejores si hubiese perseverado en el taller de impresión en vez de dedicarse a idear y dirigir los trabajos de desagüe de la ciudad de México. Sin embargo, de haberlo hecho, probablemente la otrora Tenochtitlán habría terminado de inundarse y Martínez no tendría un monumento en su honor a un costado de la catedral metropolitana. Es de suponerse que eligió bien.

Si se compara el trabajo de Berlow con el original, hay una diferencia obvia: Letras Oldstyle es refinada, pasteurizada, apta para el uso de una revista cultural contemporánea. Es el trabajo de un renombrado profesional acostumbrado a lidiar con los requerimientos de clientes de todas partes del mundo. Tomó los elementos más característicos de Martínez y dejó fuera lo que no servía a sus propósitos, puliéndolos y potenciándolos. Es indudable que en esta traducción se han perdido algunos rasgos que bien podrían justificar la aventura de una nueva interpretación digital.

Hace quince años, la tipografía en México estaba muy atrasada con respecto a lo que ocurría en el resto del mundo. Hoy probablemente la familia de Letras Libres podría comisionarse a un diseñador de tipos nacional. En 1998, ni pensarlo. Por su importancia, Letras Oldstyle debe formar parte de las historias que en el futuro se escriban sobre la tipografía digital mexicana. ~