artículo no publicado

El príncipe liberal de Canadá

Justin Trudeau, hijo del primer ministro canadiense más reconocido del siglo XX, afila armas para buscar la victoria de su partido en las próximas elecciones federales. Joven, carismático, bien parecido y dinámico, pero sin experiencia política, lejos de la estatura intelectual del padre y sin un programa político detallado, el líder liberal aún tiene posibilidades de lograr su cometido en los comicios del próximo 19 de octubre.

Justin Trudeau –el joven político que desde el 14 de abril de 2013 funge como líder del Partido Liberal de Canadá– es conocido por ser hijo de Pierre Elliott Trudeau, quien fuera primer ministro de 1968 a 1979 y de 1980 a 1984, impulsor del país en el panorama internacional y responsable de enterrar la dependencia canadiense hacia la corona británica.1 Esa doble condición ha sido suficiente para ganarse infinidad de críticas de parte de periodistas, rivales parlamentarios y ciudadanos, que lo han acusado de vacío, indigno heredero de su apellido, incapaz de cumplir con una sola meta y con una limitada hoja de vida. Terry DiMonte, locutor de radio y amigo de Trudeau, afirma que el arma más poderosa del líder liberal es que siempre se le subestima y que no tiembla ante los ataques. Está acostumbrado a cambiar la opinión de la gente, dice, a sorprender y no a decepcionar. Justin Trudeau tiene poco tiempo para demostrar su calado político y seguir, o no, los exitosos pasos de su padre: aspira nada menos que a convertirse en el próximo primer ministro canadiense.

El sábado 31 de marzo de 2012 se lleva a cabo en el Hampton Inn Hotel de Ottawa el duelo boxístico entre el senador del Partido Conservador Patrick Brazeau y el diputado liberal Justin Trudeau. La pelea, pactada a tres episodios, es a beneficio de la fundación contra el cáncer Fight for the Cure. Las apuestas marcan como claro favorito a Brazeau, quien además de mostrar unos brazos fornidos, es cinta negra en karate. Los asesores de Trudeau le recomiendan desde hace semanas cancelar su participación.

Suena la campana y Brazeau golpea a Trudeau en repetidas ocasiones. En el segundo asalto, el conservador sigue mostrando agresividad con los puños, pero poco a poco Justin conecta algunos derechazos. En el último episodio, el senador jadea por el cansancio y Trudeau pasa al ataque. Brazeau sangra de la nariz y el réferi detiene la pelea. Justin Trudeau ha mostrado en el cuadrilátero lo que puede dar también en la escena política: el hombre que desea convertirse en primer ministro ha ganado el combate pese a los pronósticos.

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Canadá es una monarquía parlamentaria federal. Eso significa que la jefatura de Estado recae en el monarca del Reino Unido, que se encuentra representado por un gobernador general, y el gobierno efectivo del país, en el primer ministro (que también funge como líder del partido con la mayoría en la cámara baja del Parlamento). Desde 2006 Stephen Harper, del Partido Conservador, ocupa este puesto en un tercer mandato. Debido a los resultados de las elecciones de 2006 y 2008 Harper se vio obligado a gobernar pactando con otros partidos, pero, en mayo de 2011 se hizo con el control mayoritario del Parlamento. En esta última cita en las urnas, los liberales sufrieron la peor derrota de su historia y fueron reemplazados como oposición oficial por el Nuevo Partido Democrático (npd), una agrupación de centro izquierda.

Desde que Paul Martin perdiera –ante los actos de corrupción del gobierno de su antecesor liberal, Jean Chrétien– el voto de confianza frente al Parlamento en 2004 y dos años más tarde las elecciones, el Partido Liberal ha tenido que navegar por los mares de la incertidumbre. Después de Martin, Stéphane Dion fue nombrado jefe de la agrupación, pero fue incapaz de recuperar el gobierno en los comicios de 2008. Posteriormente, las esperanzas estuvieron puestas en Michael Ignatieff, un intelectual de sólida reputación internacional que sufrió una aplastante derrota en las votaciones de 2011, suceso del que da cuenta en su libro Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política.

Así, la sostenida mala racha obligó al Partido Liberal a buscar un cambio radical. Para Thierry Giasson, experto en comunicación política en la Universidad Laval de Quebec, resulta clara la apuesta que los liberales han hecho por Trudeau: “Necesitaban con urgencia proyectar una imagen distinta y sabían lo que les brindaba Justin: un apellido ligado a un periodo decisivo de la historia canadiense; un político con carisma, alejado de la corrupción y visto como un buen padre de familia; un líder joven, dinámico y que transmite esperanza.”

A finales de los años sesenta, la prensa llamaba trudeaumanía al ímpetu que Pierre Elliott Trudeau despertaba entre diversos sectores de la población. Que un fenómeno parecido vuelva a tener lugar es lo que quita el sueño a los demás partidos. Los liberales apuestan por la misma sangre, pero diferente estilo político.

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Justin Pierre James Trudeau nació en Ottawa el 25 de diciembre de 1971. Su padre era el primer ministro en funciones y su madre, Margaret Sinclair, la conocida hija de un viejo diputado federal. Por ese motivo, Justin se convirtió en el bebé más famoso del país. Dos años después llegó al mundo su hermano Alexandre y dos más adelante, Michel. Los hijos del matrimonio aparecían con regularidad en la prensa. La familia Trudeau es lo más cercano que Canadá ha tenido a una nobleza.

En 1977, los problemas psiquiátricos de Sinclair y el exceso de trabajo de Trudeau hicieron inevitable la ruptura. Tras la separación, ella comenzó un largo vía crucis por tratamientos médicos que se agravó por el eco que los medios ponían a sus salidas y convites con la farándula. Trudeau padre consiguió la custodia de sus hijos y en 1984, al dejar el puesto de primer ministro, partió con ellos a Montreal.

En 1994 Justin se graduó de la licenciatura en artes en la Universidad McGill. Dos años después se mudó a Vancouver para alejarse de la escena pública. Estudió una licenciatura en educación en la Universidad de British Columbia y trabajó después como profesor de matemáticas, francés y arte en la West Point Grey Academy, uno de los colegios más exclusivos de la costa pacífica canadiense.

No fue sino hasta la muerte de su padre, el 28 de septiembre del 2000, cuando por primera vez la prensa habló de él como un posible político. En el funeral –al que asistieron Fidel Castro y Jimmy Carter, entre otras personalidades– Trudeau pronunció un discurso que subrayaba la devoción de su padre por la construcción de una sociedad justa. Al final no pudo contener las lágrimas y articuló un sentido Je t’aime, papa. Para algunos, las frases de Justin solo prolongaban los ideales políticos del ex primer ministro; otros vieron en esa acción un acto calculado. Percepciones aparte, este fue el bautizo político de Trudeau.

Justin volvió a Montreal en 2002 y cursó algunos meses la carrera de ingeniería en el Politécnico. Ahí participó en diversos proyectos: fue locutor de radio, actor en una miniserie y portavoz de la Canadian Parks and Wilderness Society. En 2005, en una ceremonia cubierta por amplios sectores de la prensa del corazón, se casó con la presentadora de televisión Sophie Grégoire y ese mismo año se inscribió en la Universidad McGill para cursar un posgrado en geografía, estudios que un año después abandonaría. Durante este periodo los periodistas no se cansaban de preguntarle a Trudeau si daría el salto a la política. Él contestaba que no cerraba la puerta a dicha posibilidad, pero que necesitaba tiempo para seguir preparándose.

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En febrero de 2007, finalmente Trudeau anunció que buscaría la candidatura como diputado por el Partido Liberal en la circunscripción montrealense de Papineau, una zona en donde no había radicado jamás, pero para la que no estaba impedido legalmente. La decisión de no participar en alguna otra circunscripción –una donde, según él, habría vencido con facilidad– había sido por completo suya. En su lugar, quiso contender en una zona poblada por miles de francófonos no simpatizantes con las ideas de su padre y por inmigrantes a quienes el apellido Trudeau no les decía nada. Sin embargo, los resultados electorales de las últimas décadas parecían contradecirlo: entre 1953 y 2011 en Papineau se habían celebrado veintidós elecciones federales y en veintiuna ocasiones el Partido Liberal había logrado la victoria. Trudeau, previsiblemente, ganó esa diputación.

Papineau es una de las circunscripciones con mayor diversidad cultural de Canadá: se escuchan decenas de lenguas distintas, las mezquitas y las iglesias ortodoxas son numerosas y la oferta gastronómica incluye casi todas las especias del mundo. Habib Zucocou, nacido en Túnez, es dueño de una cafetería dentro de la circunscripción. Cuando llegó a Montreal a la edad de veinte años, Pierre Elliott Trudeau era primer ministro. En las elecciones de 2007 votó por Justin porque estaba convencido que representa la misma idea que Trudeau padre tenía sobre Canadá: un país unido y variopinto. El Partido Liberal siempre ha estado vinculado con una política conciliadora con el tema de la inmigración; gracias a Pierre Elliot, por ejemplo, el partido abogó, con éxito, por incluir una carta de derechos y libertades fundamentales en la Constitución. Papineau es también una zona habitada en su mayoría por personas de clase media y trabajadora, dos grupos que simpatizan con los programas de ayuda social defendidos tradicionalmente por los liberales, en oposición a los recortes presupuestales promovidos por el Partido Conservador.

Trudeau fue reelegido como diputado en 2010 venciendo a Marcos Tejada, del npd, un dominicano de nacimiento con ciudadanía canadiense desde hace más de una década, quien no dudó en denunciar el enorme reto que le representó competir frente al dinero y equipo logístico de Justin: “Trudeau visita la zona solamente para fotografiarse. Lo vemos más en la televisión hablando en otras ciudades que escuchando las necesidades de la gente de Papineau.”

La noche de los comicios, los seguidores de Justin celebraron con limitado entusiasmo. El saldo general de la jornada había sido desastroso para los liberales: solo habían conseguido 34 de los 308 escaños2 en disputa. Meses después, Trudeau comenzó a barajar la posibilidad de contender por la jefatura de su partido. Louis-Alexandre Lanthier, su antiguo representante oficial en la provincia de Quebec y también exdirector de sus dos exitosas campañas electorales, afirma que Trudeau gozaba del apoyo mayoritario del grupo liberal y que su demora en anunciar oficialmente su candidatura obedeció a motivos familiares. Pero Alec Castonguay, uno de los analistas políticos más reconocidos de Canadá, cree que en realidad Trudeau fue presa de la coyuntura, ya que, si bien contemplaba contender más adelante por la dirección del partido, los malos resultados de esa jornada electoral lo obligaron a adelantar sus proyectos.

El 2 de octubre de 2012 Justin hizo pública su candidatura a la jefatura del Partido Liberal y el 14 de abril de 2013 se impuso en la primera ronda a los otros cinco candidatos con poco más del 80% de los votos. “Más que una elección, fue una coronación –comenta Castonguay–. Solo hay que ver contra quiénes se enfrentó Trudeau: legisladores poco conocidos y sin experiencia ministerial, varios de ellos no eran bilingües. Su victoria estaba asegurada.”

Horas después de que Justin pronunciara su discurso de aceptación, los conservadores lanzaron su primer misil: espots que, por televisión e internet, preguntaban a la ciudadanía si Trudeau tenía el buen juicio y temple necesarios para ser primer ministro. Semanas más tarde, los resultados de una encuesta, a cargo de la firma Ekos Politics, daban ventaja a los liberales, que encabezaban las preferencias electorales con 38.6%; los seguían los conservadores con 26.2% y el npd con 23.9%.

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En Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política, Michael Ignatieff señala que “al entrar en política debes renunciar a la espontaneidad, a uno de los placeres de la vida: decir lo primero que se te viene a la cabeza”. Aprender esta lección de oro le ha costado trabajo a Trudeau, quien ante las constantes críticas sobre su falta de experiencia suele responder: “Dejemos que mis oponentes se concentren en mí y yo me concentraré en los canadienses.” Sin embargo, varias declaraciones suyas han causado polémica y lo han puesto en situaciones delicadas.

Durante una presentación en la televisión francófona, Justin opinó sobre el conflicto de Ucrania y al final bromeó diciendo que las cosas podrían empeorar debido a la derrota del combinado ruso de hockey en las olimpiadas de invierno. También, a raíz del atentado de Boston en abril de 2013, Justin declaró que, en caso de un ataque parecido, como primer ministro analizaría de principio las causas que llevan a un individuo a perpetrar tal atrocidad. En ambos gazapos, Harper y su equipo no tardaron en lanzar dardos envenenados, señalando que la situación en Ucrania es demasiado sensible como para tolerar mofas, y que en un atentado lo más importante es socorrer a las víctimas y actuar para detener a los culpables, no sentarse a razonar sobre los motivos del ataque. Trudeau tuvo que clarificar sus palabras, se disculpó por el chascarrillo y manifestó su intención de posicionar a Canadá como un actor internacional importante a favor de la paz y en contra de la pobreza; respecto al segundo caso, dijo que jamás dudaría en proteger a la población frente al terrorismo.

De acuerdo con diversos periodistas de Radio-Canadá, la facilidad con que Trudeau se deja llevar por las emociones ha repercutido en que sus asesores cuiden todos los aspectos y líneas del discurso en cada una de sus apariciones en los medios de comunicación, a modo de reducir los riesgos de algún traspié. Thierry Giasson, profesor de la Universidad Laval de Quebec, describe la estrategia que ha montado el equipo de Trudeau: privilegiar una comunicación directa entre el político y sus simpatizantes, visitas a pequeños negocios, participación en eventos específicos, uso de redes sociales y una intensa campaña para difundir Common ground, la autobiografía de Trudeau publicada en octubre del año pasado. Sobre este libro los principales críticos de la prensa canadiense han coincidido en que carece de información novedosa y contiene en cambio limitadas experiencias, sin embargo, también han señalado que la obra explota con eficacia el lado humano del personaje. Serge Chapleau, uno de los caricaturistas políticos más reconocidos del país, no perdió la ocasión para expresar su opinión y dibujó a Justin sosteniendo un libro diminuto.

Desenvolverse en escenarios controlados incluye también omitir las sorpresas en la imagen personal de Justin: si antes se le veía vestido con jeans y saco de gamuza, o con ropa deportiva que dejaba entrever un tatuaje en el brazo, ahora opta por los trajes oscuros. De igual manera se ha recortado la frondosa cabellera que le fue tan característica. El objetivo es claro: transmitir sosiego y seguridad, pero sin dejar de lado los elementos que ya le reportan éxito: amplia sonrisa y mirada atenta de esos ojos que, dicen, heredó de su madre.

Para algunos de sus colaboradores más cercanos, la principal fuerza de Trudeau hay que verla en las calles, cuando dialoga con los ciudadanos. Jordan Gentile, una de las figuras más reconocidas de las juventudes del Partido Liberal y voluntario de Trudeau desde hace algunos años, recuerda una anécdota: “Durante la campaña de reelección por Papineau, acompañábamos a Justin en un recorrido de casa en casa. Una señora nos invitó a pasar para tomar café y hablar con su familia. Trudeau aceptó a pesar de que le sugerimos que era mejor aprovechar el tiempo visitando otras calles. La prensa no estaba presente. Lo hizo porque de verdad quería escuchar a esas personas.” Gentile agrega con entusiasmo: “No es casualidad que tantos jóvenes lo apoyemos. Nos transmite energía e interés por la ciudadanía.”

Pero Trudeau no planea ganar la elección únicamente a base de sonrisas; es por ello que en su equipo más cercano se encuentra Gerald Butts, su principal asesor, ex director general del Fondo Mundial para la Naturaleza en Canadá y un hombre con amplia experiencia en los pasillos de la política de Toronto. Otra pieza clave es Stephen Bronfman, el cerebro de la recaudación económica del partido. Bronfman es un empresario con grandes conexiones en el mundo de los negocios, miembro de una de las familias más acaudaladas de Canadá y cercano a los Trudeau desde hace décadas. El dinero es otro elemento detrás de la fuerza de Justin. Las bases confían en su aventura y lo reflejan sacando la billetera.

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Hay imagen, equipo y dinero, pero una pregunta que aparece con frecuencia es: ¿existe detrás de esto un programa político? A Justin se le vincula con distintos temas, pero hasta el momento nadie puede hablar de un plan específico para que los electores sepan lo que propone. Su desempeño en el Parlamento también ha creado dudas sobre su capacidad de convertir proyectos en realidades. En sus años como diputado ha sido uno de los legisladores con mayores ausencias y únicamente ha presentado una propuesta de ley propuesta de ley, que no logró los votos necesarios.

Para Thierry Giasson, Trudeau se ha concentrado en explotar al máximo sus vínculos emocionales con los ciudadanos, hablando más en términos generales sobre sus proyectos para dar pocas municiones a sus adversarios. Esta estrategia, basada en posicionar una imagen de esperanza entre el electorado y en reservar los aspectos específicos de su programa, le había resultado muy provechosa. Sin embargo, las últimas encuestas indican que Trudeau ha perdido simpatías, e incluso algunos de estos sondeos sitúan a liberales, conservadores y neodemócratas dentro de los márgenes de un triple empate técnico.3 Youri Rivest, vicepresidente de la encuestadora crop, una de las más reputadas de Canadá, tiene una opinión similar a la de varios académicos y periodistas: “La ausencia de propuestas concretas por parte del jefe liberal explica esta situación. Da la sensación de que Trudeau aún está en la etapa de darse a conocer en vez de proponer con detalle y de distinguirse de los demás.”

Uno de los pocos temas en los que Justin sí se ha manifestado es el medio ambiente. Desde 2012, Canadá dejó de pertenecer oficialmente al Protocolo de Kioto y Trudeau, nuevamente sin ofrecer muchos detalles, ha propuesto reinsertar a Canadá en la lucha contra el calentamiento global. Sin embargo, Patrick Bonin, miembro de Greenpeace Canadá y responsable de la campaña Clima y Energía, afirma que el líder liberal no ha presentado todavía lineamientos claros sobre el tema medioambiental; lo que sí ha hecho es apoyar la construcción de los oleoductos Keystone xl y Énergie Est, dos proyectos que a Bonin le parecen incompatibles con la lucha contra el cambio climático.

“El Estado no tiene nada que hacer en las alcobas de la nación” era una de las frases más célebres de Trudeau padre y Justin ha afirmado que proseguirá con esa línea, sobre todo respecto a la defensa de las leyes que permiten el aborto y el matrimonio homosexual. También ha manifestado que luchará por la despenalización del cannabis, sustancia que aceptó haber consumido cuando ya era diputado. Sobre este tema, Hugô St-Onge, miembro fundador del Partido Mariguana y jefe por diez años del Bloc Pot, la agrupación quebequense pro cannabis, ha reprochado el oportunismo de Trudeau. St-Onge se presentará como candidato en Papineau por el Partido Mariguana en los próximos comicios federales: “Por supuesto que no ganaré, pero haré hasta lo imposible para que Trudeau hable más del asunto.”

Los analistas políticos afirman que, como comúnmente sucede, la economía será la cuestión decisiva en la campaña. Justin ha mencionado que su prioridad será la protección de las clases media y trabajadora, ambas muy afectadas por las reformas que llevó a cabo Harper en distintos programas, como el del seguro de desempleo. Entre los pocos detalles que ha develado Trudeau destaca su propuesta de aumentar los montos en el sistema de pensiones y de no subir los impuestos. Incluso se ha comprometido a reducir el impuesto sobre la renta en 1.5% para las personas que ganen menos de $90,000 dólares anuales. El Partido Conservador ha replicado: ¿cómo es posible que el líder liberal haga estas promesas sin que antes presente un programa económico puntual? En este sentido, no han faltado las comparaciones con su padre, a quien se le acusa de haber llevado al país a un serio endeudamiento.

La relación entre Quebec y el apellido Trudeau provoca odios y afectos por igual. Por un lado, los soberanistas recuerdan que el ex primer ministro –nacido en Montreal– dedicó todo su esfuerzo a mantener a esta provincia dentro de Canadá. Justin, en la misma línea que su padre, ha expresado que el nacionalismo le parece una vieja idea del siglo XIX. Por otro lado los quebequenses federalistas rememoran a Pierre Elliott Trudeau como la figura decisiva en su victoria por la no separación de Canadá en el referéndum soberanista de 1980, además de haber sido el impulsor del bilingüismo en la función pública canadiense. A Trudeau hijo le queda claro que su futuro político se resolverá en buena medida en esta provincia, dentro de varias circunscripciones tradicionalmente liberales pero que en las últimas elecciones han sido conquistadas por el npd.

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En un evento efectuado hace algunos meses, un joven liberal le reclamó a Justin Trudeau su falta de experiencia política. El líder del partido respondió con rapidez: “Mi experiencia es que yo gano las elecciones difíciles”. ~

 

 

 

 

 


1 Esto se logró gracias a la repatriación de la Constitución (1982), con que el país se dotó de mecanismos para modificar él mismo su carta fundamental.

2 Los 308 miembros de la Cámara de los Comunes son elegidos directamente por la población canadiense. Cada miembro representa una de las 308 circunscripciones electorales en las cuales está dividido el país.

3 El 29 de mayo, la encuestadora Ipsos Reid presentó los siguientes resultados: 31% para los liberales, 31% para los conservadores y 30% para los neodemócratas. El 5 de junio, Forum Research hizo públicas las siguientes cifras: 32% para el plc, 31% para el pc y 28% para el npd. La misma firma difundió una encuesta el 19 de junio en donde el npd aparece en primer lugar (34%) frente a los conservadores (28%) y a los liberales (26%), en buena medida gracias al triunfo de dicho partido en los comicios en Alberta, provincia tradicionalmente conservadora.