“Sería un insulto recibirlo”: el Nobel de literatura en crisis | Letras Libres
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“Sería un insulto recibirlo”: el Nobel de literatura en crisis

La Academia sueca, sacudida por un escándalo de abuso sexual, decidió posponer la entrega del Premio Nobel de literatura de este año. Esta crisis tal vez sea una buena oportunidad para indagar en sus políticas respecto de la igualdad de género.

Los escándalos de abuso sexual han llegado hasta la Academia sueca. Tras una serie de denuncias públicas hechas por 18 mujeres en noviembre de 2017 contra Jean-Claude Arnault, dramaturgo, fotógrafo y un hombre con bastante poder en el ambiente artístico sueco (está casado con la poeta Katarina Frostenson, miembro de la Academia, y dirigía hasta hace poco el prestigioso centro cultural Fórum). El problema escaló a tal punto, que la semana pasada se anunció que, por primera vez desde 1949, se pospondrá la entrega del premio Nobel de Literatura 2018 hasta el año entrante.

Las acusaciones, dadas a conocer por la periodista Matilda Gustavsson en el periódico sueco Dagens Nyheter, revelan una serie de abusos y agresiones sexuales, incluso intentos de violación, cometidos por Arnault entre 1997 y 2007. Esta no es la primera vez que salen a la luz acusaciones contra el autodenominado “miembro número 19 de la Academia”: ya el 1996 la artista Anna-Karin Bylund denunció un incidente de acoso sexual en una carta que la Academia decidió ignorar. Poco después, Arnault le tocó las nalgas a la princesa Victoria, entonces veinteañera, durante una recepción en la Villa de la Academia en Djurgården, Estocolmo. Por si los casos de abuso sexual no bastaran, a la publicación del artículo se añadieron cargos de malversación de fondos y la sospecha de que el mismo Arnault fue el origen de la filtración de los galardones de la austríaca Elfriede Jelinek (2004), el británico Harold Pinter (2005) y el francés Patrick Modiano (2014), entre otros.

Según declaraciones de Bylund, Arnault “abusaba de su papel como líder artístico y de sus conexiones para explotar y humillar a mujeres, especialmente jóvenes, también para silenciarlas”. Varios de estos incidentes ocurrieron en dependencias o departamentos de la Academia y con mujeres cercanas a ésta como víctimas, por lo que, según las denunciantes, muchos en la élite cultural sueca tenían conocimiento del asunto. Ante este panorama, cancelar el premio se fue revelando como una única opción posible: “Sería un insulto recibirlo”, declaró Björn Wiman, editor de cultura de Dagens Nyheter.

Las renuncias no se hicieron esperar. Durante el último mes, seis personas han salido de la Academia: primero Frostenson junto con Sara Danius, la secretaria permanente encargada de anunciar el Nobel de Literatura, luego Klas Östergren, Kjell Espmark y Peter Englund, y más recientemente, la académica Sara Stridsberg. La decisión de suspender el premio es sensata ante el desmoronamiento de una institución cuya credibilidad está sostenida en el prestigio. Según el comunicado de prensa de Anders Olsson, presidente interino, “los miembros activos de la Academia Sueca son por supuesto plenamente conscientes de que la actual crisis de confianza representa un importante reto a largo plazo y requiere un trabajo sólido de reforma”.

Es de esperarse, y celebrarse, que el movimiento #MeToo, que tanta fuerza ha cobrado en el mundo del espectáculo, esté, de algún modo, derramándose en otras áreas (especialmente en un país como Suecia en donde el feminismo y las políticas de igualdad tienen un lugar primordial). Además, dada la importancia internacional del premio literario que más dinero genera, directamente al ganador y a través de ventas de libros, es preciso cuestionar las dinámicas que permitieron que el caso de Arnault tardara tanto en ver la luz.

En general, la noticia de la cancelación del premio ha sido recibida de buen modo en el mundo cultural: Svetlana Alexievich, que fue galardonada en 2015, declaró en el periódico sueco Svenska Dagbladet que aquellos que han roto las reglas deben ser investigados para estar seguros de que no vuelva a ocurrir en el futuro.

Ni este problema de acoso en particular ni el clima generalizado de disparidad entre hombres y mujeres en el mundo cultural en general se solucionan con medidas como la suspensión del Nobel de Literatura, pero algo se avanza en términos de visibilizar un problema que va mucho más allá de este “Weinstein de la literatura”. La Academia sueca lleva tiempo dando de qué hablar en materia de igualdad de género: desde su creación en 1901, sólo se ha distinguido a 14 mujeres con el galardón. Si la institución quiere sobrevivir, tendrá que hacer mucho más que cancelar un premio que ya de por sí es percibido como superficial, eurocentrista y turbio.