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California rechaza el racismo

Más allá de las miserias de una comediante enajenada ideológicamente, la cancelación de un popular programa de televisión por los comentarios prejuiciados de su protagonista reaviva el debate nacional sobre el racismo.

La cancelación del programa de televisión más popular en Estados Unidos a causa de un comentario brutalmente racista de su protagonista principal ha motivado un debate nacional de gran trascendencia política y cultural.

Rosanne, el programa que relataba los quehaceres, penurias, problemas y triunfos de una familia de la clase trabajadora tuvo su primera temporada de 1988 a 1997 y que fue reestrenado este año con gran éxito de audiencia fue cancelado por la cadena ABC y por Disney, la empresa dueña de la cadena, por un tuit racista de la actriz principal de la serie, Rosanne Barr. Si ahora comparó a una exasesora de Barack Obama de origen iraní y tez morena con un mono, ya antes había dicho que Nancy Pelosi, la líder del Partido Demócrata era un reptil, que uno de los muchachos sobrevivientes del tiroteo en Parkland Florida era un Nazi.

Más allá de las miserias de una mujer enajenada ideológicamente, lo sustantivo del episodio es la conversación nacional que ha producido. Por un lado, es un hecho incontrovertible que los comentarios racistas del Presidente Trump le han dado carte blanche a los supremacistas blancos para expresar sus odios en público. Piense por ejemplo en su famoso comentario después de los trágicos sucesos de Chalottesville el año pasado, en el que estableció una equivalencia moral entre los Neo Nazis, el Ku Klux Klan, y activistas de la extrema derecha que organizaron su protesta defendiendo los monumentos a esclavistas de la guerra civil y los ciudadanos que se manifestaban en contra de la marcha y que fueron brutalmente atacados por los supremacistas blancos.

Por otro lado, la cancelación del programa demuestra que en este país no solo existen leyes que condenan el racismo y protegen a la ciudadanía de la discriminación sino que hay empresas privadas que sancionan el racismo de palabra y obra. Con una audiencia de 18 millones de personas, su cancelación implica una pérdida de entre 60 y 100 millones de dólares para la cadena ABC y para Disney.

El debate también ha tenido implicaciones políticas porque desbarata el mito de que fue la clase obrera, esa que retrataba la serie de Roseanne, la que eligió a Trump. La audiencia del programa es la misma que eligió a Trump en noviembre de 2016, y está compuesta por algunos obreros pero sobre todo por un número importante de blancos de clase media y ricos. Hillary Clinton tuvo más votos entre la clase obrera (53%) que Trump (41%) y el ingreso promedio de los votantes de Trump es 72 mil dólares anuales contra 61 mil de los de Clinton.

¿Y si no fue la economía la que catapultó a Trump a la presidencia que nos orilló al precipicio? La resistencia política de los votantes blancos en ciertos estados al cambio cultural que experimenta el país. Trump, Rosanne y una gran parte de su audiencia resintieron que Barack Obama ganara la presidencia por el color de su piel. Son individuos que quieren restringir la inmigración de personas de tez morena o negra, se niegan a aceptar el cambio climático y desconfían del extranjero. Son gente que ignora el presente y el futuro, y añora un pasado entre rosa y blanco.

Afortunadamente, y como lo demuestra la reacción de ABC y Disney, en California, donde ambas empresas tienen su sede, se acepta el presente con entusiasmo y se ve el futuro con optimismo. En California, el Partido Republicano es una especie en vías de extinción, los demócrata dominan la legislatura y la inmensa mayoría de los gobiernos de las ciudades, no hay republicanos en ningún puesto de elección estatal y solo el 26% de sus ciudadanos aprueban la gestión de Trump.

Si California fuera una nación sería la quinta potencia económica del mundo, más rica que Francia o Gran Bretaña. Desde 2010, representa una quinta parte del crecimiento económico de EE UU. En Silicon Valley están tres de las 10 más grandes compañías del mundo, y siete de cada diez de sus empleados son inmigrantes de otros países. Más que cualquier otro estado de la Unión, la diversidad cultural y la unidad política definen a California, el estado que fija la pauta de las tendencias nacionales. Lo que significa que Trump y Roseanne son accidentes históricos en vías de rectificación.