Escritores sobrevalorados: preguntas frecuentes | Letras Libres
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Escritores sobrevalorados: preguntas frecuentes

¿Cómo se sobrevalora a un escritor? 

7.- ¿Qué es un escritor sobrevalorado?

Esta pregunta es un callejón sin salida porque la respuesta sólo puede expresarse mediante una proposición tautológica: un escritor sobrevalorado es aquél a quien alguien considera como un escritor sobrevalorado.

6.- ¿Cómo se sobrevalora a un escritor?

Para empezar, hay que decir que sobrevalorar a un escritor es algo que siempre hacen (mal) los demás –nunca uno mismo–, lo que explica el tono de polémica bajo el cual se enuncia el juicio. Afirmar que un escritor está sobrevalorado implica una discusión sobre el gusto literario y sobre la imposición de ese gusto que siente y padece el agraviado –siempre uno mismo. Se trata, entonces, de cómo el gusto de los otros afecta de manera negativa el propio. 

Los síntomas de la sobrevaloración aparecen usualmente tras la muerte de un escritor, o cuando el escritor publica un nuevo libro y consisten principalmente en gritos y alaridos de dolor o enojo –en casos graves, ambos– por el hecho de que hay gente que está sobrevalorando a un escritor que uno considera indigno de tanta atención por parte de los demás.

Está demostrado que cuando los dos escenarios se mezclan –es decir, cuando se publica un nuevo libro de un escritor muerto–, el virus de la sobrevaloración se propaga de manera alarmante, causando así lo que se conoce como la epidemia sobrevalorativa. 

5.- ¿Por qué molesta que la gente sobrevalore a un escritor?

Aunque existen varias hipótesis al respecto, hasta ahora ninguna ha logrado explicar cabalmente por qué molesta que la gente sobrevalore a un escritor. 

En primer lugar está el miedo. Si el agraviado es escritor, le aterroriza que los demás hablen (bien) sobre otros escritores. Si se trata de un lector, el miedo consiste en estar equivocado –algo que, lo saben todos, es imposible.

Otras razones se refieren más a los mecanismos de la sobrevaloración y menos a la incertidumbre de la persona. Es indudable que el acceso y la circulación de los productos artísticos postulan una idea de gusto, pero la pregunta es: ¿lo determinan? 

Los agraviados responderían afirmativamente: si seguimos publicando más libros de X, más gente lo va a leer y, por lo tanto, a más gente le va a gustar. Entre más homenajes y mesas redondas se organicen y más premios reciba X, resulta claro que hay un discurso oficial interesado en determinar y normar el gusto literario. De allí que muchos escritores sobrevalorados pertenezcan al estrato de la cultura popular o la literatura de masas, como se le llama comúnmente y no sin cierto escarnio a los libros que alcanzan tirajes abundantes. 

No siempre sucede así: hay veces en que basta la enemistad o algún velado rencor para considerar sobrevalorado a un escritor; hay otras en que la categoría de lector se concibe de manera jerárquica: si el agraviado se considera un mejor lector que los demás, evidentemente el gusto de la masa le parecerá indigno.

Otra explicación: está comprobado que al que no grita nadie lo escucha. Quizá el número de escritores sobrevalorados indique la cantidad de gente que necesita un interlocutor.

También está el poder y la lucha por hacerse de un poco.

4.- De la misma manera en que se habla de escritores sobrevalorados, ¿es posible menospreciar a un escritor?

La operación, aunque parece inversa, en realidad es la misma aunque con una interesante vuelta de tuerca. Son siempre otros los que menosprecian a un escritor, pero en este caso el agraviado posee, o eso supone, un conocimiento oculto que los demás ignoran, pero de esa ignorancia depende que el agraviado mantenga su aparente superioridad. 

Nota para los agraviados: leer no es valorar.

3.- ¿Por qué se habla de escritores sobrevalorados y no de obras sobrevaloradas?

Sí se habla de obras sobrevaloradas, pero siempre en menor grado. El hecho es comprensible: cuando uno habla de obras siempre se corre el riesgo de que alguien note que no hemos leído el libro. Al mismo tiempo, resulta difícil encontrar a alguien que esté dispuesto a aceptar que la obra de X, que le cae tan mal, le ha gustado. 

2.- ¿Por qué hablamos de manera genérica de escritores y no de escritoras?

Porque somos muchos y somos muy machos. 

1.- ¿De qué estamos hablando en realidad?

Del canon. Pareciera que no podemos vivir en un mundo donde los gustos no estén jerarquizados, aunque sea por uno.

Qué horror que a la gente le guste leer.

Qué horror que a la gente le guste.