artículo no publicado

Retrato familiar

Mary Karr

El club de los mentirosos

Traducción de Regina López Muñoz

Madrid, Periférica & Errata Naturae, 2017, 518 pp.

Mary Karr (Groves, Texas, 1955) era crítica, había publicado varios libros de poesía, acababa de divorciarse y tenía un hijo cuando escribió El club de los mentirosos. Se publicó en 1995, vendió medio millón de copias y estuvo más de un año en la lista de los libros más vendidos de The New York Times. El club de los mentirosos, como escribió Amanda Fontini en The Paris Review, convirtió a Karr, que era una poeta desconocida, en una celebridad literaria. Después del enorme éxito de las memorias de infancia, publicó Cherry (2000), memorias de adolescencia, y Lit (2009), el relato de cómo su conversión al catolicismo la apartó del alcohol. Los tres libros componen una trilogía memorialística que tal vez crezca con el tiempo. Karr ha seguido escribiendo poesía (le dice a Fontini en la entrevista que “trabajar en los poemas es como engañar a mi marido: es lo que de verdad quiero hacer, pero no me pagan por eso”) y crítica, y es profesora en la Universidad de Siracusa.

Para comenzar el relato de su infancia, Karr vuelve a su recuerdo más “nítido”: “yo tenía siete años y estaba sentada en un colchón en el suelo, con el médico de la familia de rodillas ante mí”, que pregunta por las marcas y la niña Karr no sabe de qué marcas le habla. La primera parte de El club... es una reconstrucción del episodio psicótico de su madre, que se explicaba eufemísticamente: su madre estaba mal de los nervios. Había estudiado Bellas Artes en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial y llegó a Leechfield, Texas, acompañada de su cuarto marido (“mi madre no se echaba novios, directamente se casaba”), un capitán de barco italiano. La cosa no duró demasiado y la madre de Karr metió sus cosas en el coche, pero se le pinchó una rueda nada más salir del pueblo. El padre de Karr trabajaba de aprendiz en la estación de servicio. Su madre “experimentó una atracción intensa y fulminante”. El padre de Karr se convirtió en el quinto marido de Charlie Marie y prometió construirle un gran estudio en el que ella pudiera pintar sus cuadros. El matrimonio tuvo dos hijas, Lecia y Mary Marlene. Él, que participó en el desembarco de Normandía, era un trabajador sindicado, “un desgraciado”, según se había definido en el brindis de la boda, que se reunía con sus amigos a contar historias y beber. Las reuniones no tenían periodicidad fija y la única mujer que podía estar presente era Karr, que toma el título de su libro de ahí: era el club de los mentirosos. De esas charlas, Karr recupera con voluntad casi documental algunas de las historias de su padre sobre su infancia, adolescencia y primera juventud. Entre bromas y veras se adivina la niñez del progenitor bajo unos padres estrictos. El retrato del padre se va perfilando no solo a través de las historias que cuenta, sino a través de cómo las cuenta y de la relación con los demás miembros del club y con su hija. La madre también es un personaje fascinante, con personalidad suficiente para ir a la contra de todo, con una vida llena de episodios novelescos (estuvo a punto de morir a los dos años de una neumonía, se casó siete veces y guardó durante años un secreto que la avergonzaba) y con una sensibilidad especial: se pasaba el día leyendo o pintando, se enamoraba de un lugar por la luz, etc. Los dos eran alcohólicos.

Hay peleas, fugas y discusiones, pero todo empieza a torcerse de verdad cuando la madre de Charlie Marie se muda a la casa. Provoca una especie de abulia en la madre de Karr, que finalmente estallará en el ataque de nervios (con hoguera incluida) poco después de la muerte de la abuela. Además, Karr cuenta cómo huyeron de un temporal en el coche conducido por su madre, un primer amago de separación entre sus padres y recuerda de manera vívida cómo la violó un chico de catorce años. Pero lo que marca la historia familiar es la salud mental de la madre. La segunda parte de las memorias sitúa a la familia en Colorado. Charlie Marie dilapida la herencia de su madre en vestidos, zapatos y alcohol (se compra un bar y se casa –van a seis bodas– con un camarero, una elección imprudente para una alcohólica). En Colorado, Karr sufre otra agresión sexual, esta vez por parte de un adulto. Finalmente, hay otra crisis: la madre apunta con una pistola a su marido. La hermana mayor llama al padre y le pide que las lleve de vuelta a casa, cosa que sucede tras un periplo tragicómico con parada en Nuevo México. La tercera parte de El club de los mentirosos, ya de vuelta en Texas, cuenta el alejamiento entre Karr ya adulta y su padre, víctima de un ictus que lo dejó paralizado hasta su muerte cinco años después. Y, por fin, su madre comparte su gran secreto.

La infancia de Karr estuvo llena de episodios brutales y, sin embargo, el resultado no es un libro dramático. Una de las cosas que lo hacen atractivo es que está muy equilibrado en el tono: tiene humor y tragedia, mezcla un lenguaje poético con otro más vulgar. Hay terror y brutalidad, pero también hay sitio para la lealtad, el amor, la pasión. Es honesto y nada autocomplaciente y gracias a eso consigue que el lector sienta que acompaña a Karr en su viaje a través del recuerdo para reconstruir su infancia. Pero en realidad el objetivo de estas memorias no es tanto dar con episodios traumáticos –aunque la escritura funcionara como una especie de terapia para Karr–. Su objetivo, al menos literariamente, es contar a sus padres: dibujarlos con sus defectos, con sus zonas oscuras y sus secretos, pero también con la luminosidad, sensibilidad y con la mirada idealizadora de una niña de siete años para atraparlos y, tal vez, entenderlos. Por eso el libro funciona: todos queremos saber más de nuestros padres. Por otro lado, la mezcla de tonos es una proyección del carácter de los padres: ella es la poesía y la inestabilidad; él, la rutina a la que volver. Ella era la amante de los libros, él de las historias. De esa mezcla viene Mary Karr, y su primer libro de memorias es una explicación desnuda en su crudeza de ella y su familia. ~


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