artículo no publicado

La fotosíntesis divulgativa de Stefano Mancuso

Stefano Mancuso

El futuro es vegetal

Traducción de David Paradela López

Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017, 237 pp.

En el proceso de la fotosíntesis lo inorgánico se vuelve orgánico gracias al poder de la luz. Una magia equivalente, en el ámbito de la divulgación científica, logra el italiano Stefano Mancuso –uno de los máximos expertos mundiales en neurobiología vegetal– en su nuevo libro,El futuro es vegetal. Se trata de abordar un ingente material botánico, histórico, técnico y tecnológico para transformarlo en un manual de instrucciones para enfrentarnos a algunas de las claves de nuestro futuro. Una síntesis con capacidad de iluminar.

Los lectores en español ya conocíamos a Mancuso por dos libritos también publicados por Galaxia Gutenberg, ambos escritos en colaboración: <Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal (con Alessandra Viola, 2015), una introducción a lo que se sabe sobre los modos en que las plantas perciben el mundo y reaccionan en consonancia, y Biodiversos (con Carlo Petrini, 2016), una conversación sobre la comida, la lentitud y otros problemas de la relación entre los humanos y el reino vegetal. El paso o más bien salto entre ambos títulos y El futuro es vegetal es con bota de siete leguas. Estamos ante una obra de divulgación importante, que combina en equilibrio la historia de la ciencia (esa genealogía de hombres enamorados de las plantas de la que Mancuso se siente eslabón), el rigor expositivo en los experimentos y los descubrimientos del presente y los frentes abiertos del porvenir. Todo ello siempre contado desde la experiencia personal, amable, simpática, por momentos incluso divertida. Los datos son canalizados a través de una potente estrategia de storytelling. El científico de alto nivel se gradúa como escritor.

Por eso el libro es tan seductor y sugerente: su narrativa, en la que cada capítulo se lee como un cuento, nos conduce a la bioinspiración. Momentos de la vida o procesos creativos de Leonardo, de Darwin o del propio Mancuso nos ayudan a entrar en un argumentario donde experimentos de la Agencia Espacial Europea, el mit o el propio Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal que dirige Mancuso en Florencia van conduciendo a proyectos de robótica, arquitectura o producción de alimentos que podrían ser la respuesta más inteligente a algunos de los problemas cruciales a los que se enfrenta la sociedad humana. En la adaptación de los cactus a la ausencia de agua, el alucinante diseño de la Victoria amazonica, las tácticas de seducción y de mímesis de tantas especies vegetales o la estructura en red, sin órganos centrales, de los árboles Mancuso y sus colegas ven modelos que han creado algunos de los proyectos más estimulantes de la historia reciente de la humanidad.

El futuro es vegetal parte de una premisa más o menos explícita: desde siempre hemos ideado inventos, estructuras o políticas inspiradas en nuestro propio cuerpo y en el del resto de los animales. La cuchara es una mano en miniatura, el cuchillo imita la dentadura, la excavadora exagera un brazo, los coches tienen cuatro ruedas como los animales tienen cuatro patas, y pensamos las ciudades o las instituciones con cerebros únicos y estructuras jerárquicas. Estaríamos en un cambio fundamental en nuestra historia, en el que lo animal dejaría paso a lo vegetal como centro bioinspirador. Las plantas son más colonias que individuos. Son mucho más colaborativas y mucho más adaptativas que los animales. Por su aparente lentitud, que no está sincronizada con nuestra velocidad, parecen actores secundarios del planeta, cuando lo cierto es que son los testigos que nos permiten remontarnos a los primeros tiempos de la vida en la tierra. En su memoria hay parte de la nuestra. Estamos empezando a tener acceso a la conciencia que nos permitirá –si somos realmente sensibles e inteligentes– imitar sus formas de encarar los retos para garantizar nuestra existencia de calidad a largo plazo.

Como la investigadora Hope Jahren, cuya memoir Lab girl (traducida por Paidós en 2017 como La memoria secreta de las hojas) se puede leer como un relato complementario del que proponen Inteligencia y sensibilidad en el mundo vegetal y El futuro es vegetal, Mancuso nos está obligando a pensar el Antropoceno desde una perspectiva verde. Leyéndolo tenemos el privilegio de ser testigos de la conexión en directo entre la gran tradición de los jardines botánicos y el nervio experimental del presente. Cuando habla de esos días de 1896, pocos meses después de la invención del cine, cuando Wilhelm Friedrich Philipp Pfeffer hizo la primera filmación en time lapse, precisamente para captar el movimiento del reino vegetal, y nos traslada a renglón seguido a cómo en pleno siglo XXI llevan a cabo un proyecto para desarrollar sondas espaciales capaces de enviar información desde el suelo de la Luna o Marte, sientes como lector el vértigo y la emoción de estar acompañando en su itinerario intelectual a un gran hombre, que te abre humildemente las puertas de su laboratorio. ~


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