artículo no publicado

El gobierno de Sánchez y la ilusión de la izquierda

La prensa y el electorado de izquierdas están ilusionados porque interpretan la llegada de Sánchez como una especie de justicia histórica o poética: llegan las mujeres y los ateos tras un régimen clerical.

El nuevo gobierno de Pedro Sánchez parece profesional, riguroso, serio y equilibrado. Hay guiños feministas (Carmen Calvo en Vicepresidencia e Igualdad, un gobierno paritario), de ortodoxia económica y europeísmo (Nadia Calviño en Economía), de desafío al independentismo (Borrell en Exteriores) pero también de diálogo con él (Meritxell Batet, del PSC, en Administraciones Públicas), de ecologismo y cambio climático (con Ribera en Medio Ambiente).

Lo tendrá difícil. La composición del parlamento no ha cambiado. La mesa del congreso está dominada por PP y Ciudadanos. El PP tiene mayoría absoluta en el Senado y puede oponer su veto o introducir enmiendas que atrasen la aprobación de leyes. Esto no significa que pueda vetar completamente leyes: el Congreso puede levantar vetos si tiene mayoría absoluta, o después de dos meses, con mayoría simple. Pero para un gobierno que tiene un horizonte de más o menos un año, esto es importante. El PP ya ha anunciado que enmendará sus propios presupuestos para vengarse del PNV, que votó con el gobierno los presupuestos antes de unirse a la moción de censura.

Puede, en cambio, hacer reformas que el PP había vetado durante años y que tienen cierto consenso parlamentario: la ley mordaza, la reforma de RTVE, acabar con el llamado impuesto al sol que creó el PP, ampliar el sistema de becas, ley de dependencia, eutanasia (aunque esta última no tiene tanto consenso, al menos respecto a los detalles).

Sánchez ha hecho el mejor gobierno posible, teniendo en cuenta las diferentes demandas que tenía que cumplir. Pero va a ser un gobierno escaparate, que tendrá generalmente la intención de dotar a Sánchez de una imagen presidencial de cara a unas elecciones. Porque, lo queramos o no, a pesar de que los gobiernos sin urnas y en minoría son la norma en Europa, la oposición va a acusar a Sánchez de falta de legitimidad.

Ante esta situación complicada, la izquierda que piensa que cualquier cosa es siempre mejor que un gobierno del PP, que ha hecho un cordón sanitario a Ciudadanos porque son “extrema derecha”, que piensa que todos los problemas siempre son de voluntad política, está entusiasmada. Pero no lo está porque de pronto sea socioliberal, como sugieren cargos como Borrell o Calviño. El gobierno parece posibilista, o al menos de una socialdemocracia que no busca cambios exclusivamente cosméticos, de reconocimiento. La prensa y el electorado de izquierdas están ilusionados porque interpretan la llegada de Sánchez como una especie de justicia histórica o poética: llegan las mujeres y los ateos tras un régimen clerical (la verdadera justicia poética es que Borrell haya llegado al gobierno con los votos del PDeCAT y ERC).

Estamos valorando la llegada de mujeres por el hecho de serlo, cuando ya hubo gobierno paritario durante Zapatero y el PP dio casi el mayor poder del Estado a una mujer, Soraya Sáenz de Santamaría (que fue vicepresidenta, ministra de la presidencia y administraciones territoriales, con el control del CNI, portavoz del gobierno, todo a la vez, y que llegó incluso a asumir la presidencia de la Generalitat de Cataluña tras el artículo 155). Su predecesora en el cargo fue Elena Salgado, que fue vicepresidenta segunda a la vez que ministra de Economía y Hacienda (antes de la separación de los ministerios). La secretaria general del PP es María Dolores de Cospedal, que fue ministra de Defensa. No fue la primera ministra de Defensa: Carmen Chacón pasó lista a las tropas embarazada en una foto icónica.

Las ganas de acabar con Rajoy han convertido a la izquierda en conformista: se conforma con avances estéticos y de reconocimiento, con un cambio de aires. No quiero que se me malinterprete. Hay un gran cambio con respecto al PP. El nuevo gobierno es europeísta, socialdemócrata, incluso liberal. Pero da la sensación de que hay una izquierda al margen de la realidad con ganas de ilusionarse por encima de todo.