artículo no publicado

¡Esta campaña está muy movida! (Y no precisamente por las propuestas)

La variedad musical de esta campaña habla mucho del rechazo que genera la política y de lo difusa que, en un momento tan crítico como es una campaña electoral, se vuelve la frontera entre la política y el entretenimiento. 
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A lo largo de la semana pasada, en distintos puntos de la Ciudad de México y en las más diversas situaciones, pregunté a distintas personas si conocían al partido político Movimiento Ciudadano (MC). La respuesta apabullante fue sí. Aunque nadie pudo mencionar alguna de las propuestas de campaña de este partido ni, por supuesto, el nombre de un candidato destacado de este partido, todos “mis encuestados”, sin excepción, me tararearon el ya famoso: “na, na, na, na”. Es más, mientras escribo esto, ni yo misma soy capaz de recordar una propuesta específica del MC. Solo puedo pensar en Yuawi y en esa discoteca que ya desde principios de año sampleaba el jingle de MC para animar a su público. 

El jingle y las canciones en las campañas políticas no son una novedad. George Washington hizo campaña con "Follow Washington” para su segundo periodo como presidente de E.U., y Franklin Roosevelt debutó en la convención Demócrata de 1932 con la canción “Sunny Happy Days Are Here Again”. En "Don't Stop Thinking about the Music: The Politics of Songs and Musicians in Presidential Campaigns", los autores explican que las canciones como parte del arsenal de marketing político empezaron a ser útiles hasta 1840, cuando muchas de las leyes que restringían el derecho al voto habían sido eliminadas y la base electoral se amplió considerablemente. Pero como estos nuevos votantes “no tenían educación o tenían muy poca, las canciones de las campañas se convierten en una de las principales formas de no solo comunicar el mensaje sino de difundirlo a todo el país”. En ese entonces las canciones se difundían en partituras. La llegada de la radio, señalan los autores, llevó la música de las campañas a los hogares de todo el país y el resto lo terminaría haciendo la masificación de la televisión. “Don't Stop Thinking about the Music…” se escribió en 2011 y termina prediciendo que internet hará posible que los ciudadanos creen sus propias canciones no solicitadas de campaña que, además, no serán controladas por los candidatos. No tuvieron que pasar muchos años para que esa predicción se hiciera realidad:

No tengo claro si antes del año 2000 hubo en México alguna campaña política que echara mano del jingle. Había mucha megaproducción para promocionar programas del gobierno (¿Quién no se acuerda de “Solidaridad, venceremos, desde el niño hasta el anciano…”?), pero quizá como la competencia política era poca o nula, no había necesidad de recurrir a esta herramienta. 

Las actuales campañas políticas traen una sorprendente variedad sonora:

Entiendo el respiro que da escuchar una tonada pegajosa en lugar de una retahíla de propuestas que, en el mejor de los casos, nos causarán escepticismo y en el peor, hastío. Pero que el lenguaje de las campañas sea tan musical habla mucho del repelús que nos genera la política y de lo difusa que, en un momento tan crítico como es una campaña electoral, se vuelve la frontera entre la política y el entretenimiento.