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Joan Didion se cuenta historias para vivir

Ya puede verse en Netflix el documental sobre la escritora dirigido y escrito por su sobrino, Griffin Dunne. La película es un retrato de una de las escritoras que cambió para siempre la manera de escribir ensayos en primera persona.

El menor y la mayor. El cineasta Griffin Dunne se propuso hacer un documental sobre su tía, la escritora Joan Didion (Sacramento, 1934), como si fuera una carta de amor. Joan Didion. El centro cederá se estrenó en Netflix el viernes pasado. El cineasta y la escritora se conocieron cuando él tenía 5 años (Didion recuerda que iba a conocer a toda la familia de su marido, el escritor John G. Dunne y estaba un poco sobrepasada). Estaban jugando en la piscina y al pequeño Griffin se le salía un testículo del bañador. Didion fue la única que no se rió cuando se burlaron de su huevo a la fuga. El niño captó el respeto y lo transformó en afecto. Entonces, el matrimonio Dunne Didion acababa de abandonar Nueva York para trasladarse a Los Angeles. Didion había acudido a la gran ciudad después de acabar sus estudios en Berkeley para disfrutar de una beca en Vogue y la estancia de seis meses se convirtió en ocho años.

El nacimiento de una escritora. Su madre le regaló el primer cuaderno y la animó a que escribiera en él sus pensamientos para entretenerse. Didion cuenta que lo primero que escribió fue la historia de “una mujer que creía que moría de frío en la noche polar y cuando amanece descubre que está atrapada en el desierto del Sáhara, donde muere antes de la hora de comer”. Tenía cinco años. En Nueva York conoció a su marido y en Nueva York aprendió el oficio. Cuando abandonó la ciudad, estaba pasando por un periodo oscuro y depresivo. Irse fue una manera de curarse. Lo cuenta en un ensayo maravilloso, “Adiós a todo aquello”, un texto que es una despedida, una exposición de motivos, casi una justificación, y en parte un reproche a la ciudad: “Se dice con frecuencia que Nueva York es una ciudad adecuada solo para la gente muy rica y la gente muy pobre. Menos a menudo se dice que Nueva York también es, por lo menos para los que venimos de otra parte, una ciudad adecuada solo para le gente muy joven”. Dunne y Didion volvieron a Nueva York años después. Allí murió él, de un ataque al corazón mientras cenaban. Didion lo contó en El año del pensamiento mágico (Global Rythm, 2006; LRH, 2015), el libro del duelo por la muerte de su marido que le dio una segunda vida como escritora. Además, según se sugiere en el documental, la adaptación teatral la salvó de la pena por la muerte de su hija, Quintana Roo, a quien le dedicó Noches azules (LRH, 2012).

Vida y obra de Joan Didion. La película es un retrato de la escritora. Sigue un orden cronológico para contar su vida y sus libros, las novelas y los ensayos, su matrimonio, el éxito y la adopción de Quintana. Hay entrevistas con editores (aparece Bob Silvers), agentes, colegas, su hermano o Harrison Ford, que trabajó como carpintero en la casa del matrimonio en Hollywood. Se usan fotos del archivo familiar y se leen fragmentos de textos de Didion. Aparece Vanessa Redgrave en uno de los momentos más emotivos de la película. También se recuperan fragmentos de entrevistas que dieron a la televisión John G. Dunne y Joan Didion. Es decir, se usa todo el material del que se dispone para intentar explicar a su protagonista. Aunque no hay ningún elemento tan potente como cuando aparece ella contando algo, escuchando e incluso preguntando, como si se hubiera olvidado de que el objeto de análisis es ella, o precisamente porque no se ha olvidado. Se sugieren algunos nexos entre las novelas y Didion (por ejemplo, el personaje de Maria de Según venga el juego (PRH, 2017), está ligeramente inspirado en Didion, en ese estado abúlico).

La literatura está en los detalles. Hay algunos detalles que se desvelan en el documental que llaman la atención: Joan Didion mueve constantemente las manos huesudas en las que se transparentan las venas, la delgadez de la escritora, cena en la cocina frente al televisor, desayuna (o al menos, desayunaba) cocacola, tiene el congelador lleno de helado y su risa parece ocultar una timidez perenne. Una de las virtudes del documental es que opera de una manera similar a como lo hace Didion en sus textos: esconde lo importante, el detalle revelador, entre la ingente información descriptiva, como si solo quisiera que asomara un poco para que fuera visible solo para el lector o espectador atento. Es lo que hace Dunne al tratar la relación entre el matrimonio o la culpa de Didion en relación a su hija, a cuyas zonas oscuras no prestó atención.

La marca Joan Didion. Joan Didion se convirtió en una celebridad: daba fiestas en su casa en Hollywood a las que acudían entre otros Janis Joplin, la noticia de los asesinatos de Cielo Drive se la dio Natalie Wood, era íntima amiga de Nora Ephron y Warren Beatty estaba obsesionado con ella. Después y en parte gracias a la campaña de publicidad para la marca Céline, se ha convertido en un icono. Aunque ya lo tenía todo para serlo: la elegancia, las sempiternas gafas de sol, el cigarrillo entre los dedos. Como explica Megan Garber en The Atlantic, “Se ha convertido en una celebridad, en gran parte, de una manera completamente moderna: desconsiderada, deconstruida, sus ideas se burlaron de sus historias y pasaron por Tumblr y camisetas y las firmas de correo electrónico de chicas que eran lo suficientemente inteligentes como para estar hastiadas. Didon es el sujeto de entusiasmos efímeros”.

Oro puro. Rebecca Mead ha escrito en The New Yorker sobre el “momento más revelador del documental”. Cuando su sobrino le pregunta por la escena de “Arrastrarse hacia Belén” en la que aparece una niña de 5 años puesta de ácido. “Bueno, fue…”, empieza Didion. Y Mead escribe: “Hace una pausa, baja los ojos, piensa, parpadea, y el espectador responde mentalmente la pregunta en su nombre: Bueno, fue espantoso. Quería llamar a una ambulancia. Quería llamar a la policía. Quería ayudar. Quería llorar. Quería salir de allí y llegar a casa con mi hija de dos años, y protegerla del presente y del futuro. Después de siete largos segundos, Didion levanta la barbilla y se encuentra con el ojo de Dunne. ‘Déjame decirte, fue oro’, dice ella. El fantasma de una sonrisa se dibuja en su rostro, y sus ojos brillan. ‘Vives por momentos así, si estás haciendo una pieza. Para lo bueno o lo malo’”. Si estás haciendo un documental sobre Joan Didion, también vives para ese momento.