Lo que dicen las mujeres | Letras Libres
artículo no publicado

Lo que dicen las mujeres

En Mujeres y poder, Mary Beard analiza los orígenes culturales de la misoginia y reivindica una "sensibilización sobre lo que entendemos por ‘voz de autoridad’ y cómo hemos llegado a crearla".

Mujeres y poder. Un manifiesto, de Mary Beard –(Shropshire, 1955) catedrática de estudios clásicos en Cambridge y editora de The Times Literary Supplement, reúne dos conferencias –la primera, “La voz pública de las mujeres”, se publicó en español en Letras Libres– pronunciadas en 2014 y 2017 sobre cuál ha sido el papel de las mujeres en la vida pública en Occidente. El primer texto es un recorrido histórico sobre el papel de las mujeres en el discurso público. La segunda conferencia repasa cómo se analiza a las mujeres en el ejercicio del poder. Es un libro breve del que se ha hablado mucho. Por eso tal vez se tenga la sensación de que ya no hace falta leerlo: han salido tantas reseñas, entrevistas a Beard que uno tiene la sensación de haberlo leído sin haberlo abierto. Es una sensación falsa: el recorrido por la falta de voz en el discurso público de las mujeres es no solo una lección filológica. También es un intento de “adoptar un punto de vista amplio y distante, muy distante, sobre la relación culturalmente complicada entre la voz pública de las mujeres y la esfera pública de los discursos, debates y comentarios […] Espero que este enfoque desde la lejanía nos ayude a superar el simple diagnóstico de ‘misoginia’ al que recurrimos con cierta indolencia, pese a ser, sin duda alguna, una forma de describir lo que ocurre”.

Manda callar a tu madre, sé un hombre. “Quiero empezar por el principio mismo de la tradición literaria occidental, con el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer ‘que se calle’, que su voz no había de ser escuchada en público. Me refiero a un momento inmortalizado al comienzo de la Odisea de Homero, hace casi tres mil años”. Dice Beard que se suele considerar la Odisea como la historia de Ulises y su vuelta a casa tras la guerra de Troya. Pero la Odisea es también, explica, “la historia de Telémaco, hijo de Ulises y Penélope, la historia de su desarrollo personal, de cómo va madurando a lo largo del poema hasta convertirse en un hombre.” En el primer canto, Telémaco manda callar a su madre y la envía a casa, a ocuparse de sus labores propias, “del telar y la rueca”. “Hay algo vagamente ridículo en este muchacho recién salido del cascarón que hace callar a una Penélope sagaz y madura, sin embargo es una prueba palpable de que ya en las primeras evidencias escritas de la cultura occidental las voces de las mujeres son acalladas en la esfera pública. Es más, tal y como lo plantea Homero, una parte integrante del desarrollo de un hombre hasta su plenitud consiste en aprender a controlar el discurso público y a silenciar a las hembras de su especie. Las palabras literales pronunciadas por Telémaco son harto significativas, porque cuando dice que el ‘relato’ está ‘al cuidado de los hombres’, el término que utiliza es mythos, aunque no en el sentido de ‘mito’ que ha llegado hasta nosotros, sino con el significado que tenía en el griego homérico, que aludía al discurso público acreditado, no a la clase de charla ociosa, parloteo o chismorreo de cualquier persona, incluidas las mujeres, o especialmente las mujeres.” Ese silencio impuesto a las mujeres ha llegado hasta hoy. Beard recuerda una viñeta de Riana Duncan publicada en Punch: “Es una excelente propuesta, señorita Triggs, quizá alguno de los hombres aquí presentes quiera hacerla.”

Algunas excepciones. “En el mundo clásico hay solo dos importantes excepciones de esta abominación respecto a las mujeres que hablan en público. En primer lugar, se les concede permiso para expresarse a las mujeres en calidad de víctimas y de mártires, normalmente como preámbulo a su muerte. […] La otra excepción es más corriente, pues en ocasiones las mujeres podían levantarse y hablar legítimamente para defender sus hogares, a sus hijos, a sus maridos o los intereses de otras mujeres. […] Dicho de otro modo, en circunstancias extremas las mujeres pueden defender públicamente sus propios intereses sectoriales, pero nunca hablar en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto. En general, tal y como lo expresó un gurú del siglo II d.C., ‘una mujer debería guardarse de modestamente de exponer su voz ante extraños del mismo modo que se guardaría de quitarse la ropa’.”

La herencia recibida. “Para muchos, ciertos aspectos de este tradicional bagaje de criterios acerca de la ineptitud de las mujeres para hablar en público –un bagaje que, en lo esencial, se remonta a dos milenios atrás– todavía subyacen en algunos de nuestros supuestos sobre la voz femenina en público y la incomodidad que esta genera.” Dice Beard que para referirse a los discursos públicos de las mujeres se utilizan palabras como “gimotear”, “lloriquear” o “estridente”. “Se da el caso de que cuando los oyentes escuchan una voz femenina, no perciben connotación alguna de autoridad o más bien no han aprendido a oír autoridad en ella: no oyen mythos.” También explica que “en todas las esferas observamos una tremenda resistencia a la intrusión femenina en el territorio discursivo tradicionalmente masculino”; es decir, puede haber ministras de sanidad y educación, pero es raro que haya de economía o hacienda.

La voz de la autoridad. Dice Beard que “estas actitudes, supuestos y prejuicios están profundamente arraigados en nosotros”, “en nuestra cultura, en nuestro lenguaje y en los milenios de nuestra historia”. Bear proponer ir “más allá del mal comportamiento y de la cultura machista de Westminster, más allá incluso de los horarios compatibles con la familia y de los servicios de atención a la infancia (por importantes que sean). Hemos de centrarnos en aspectos aún más fundamentales, sobre cómo hemos aprendido a escuchar las contribuciones de las mujeres […], pero no solo para preguntarnos cómo consiguen meter baza, sino para ser más conscientes de los procesos y prejuicios que hacen que no las escuchemos”. Al final de la primera conferencia dice que “Lo que necesitamos es cierta sensibilización sobre lo que entendemos por ‘voz de autoridad’ y cómo hemos llegado a crearla”.

Mujeres y poder. Un manifiesto, Mary Beard

Traducción de Silvia Furió

Barcelona, Crítica, 2018, 112 pp.